Durmiendo con el enemigo

El autor reflexiona sobre el proyecto de Superliga que se pretende poner en marcha en Europa y las posibles consecuencias que sufrirían el resto de clubes

Javier Tebas conversa con Carlos Suárez durante el Congreso Nacional de Peñas celebrado en Valladolid. /Rodrigo Jiménez
Javier Tebas conversa con Carlos Suárez durante el Congreso Nacional de Peñas celebrado en Valladolid. / Rodrigo Jiménez
CARLOS PÉREZValladolid

Es costumbre en los minutos doce de cada partido escuchar el famoso «Tebas vete ya» en la mayoría de los campos de Primera y Segunda División. Por el contrario solemos animar a alguno de los equipos considerados 'grandes'. Resulta que a lo mejor el enemigo no es Tebas y el amigo no es ese que tenemos como segundo equipo (el que lo tenga, que no es mi caso). Y así estamos inmersos en otro 'procés indepe' que de momento está llamando menos la atención que el órdago que nos están echando nuestros vecinos catalanes. Está llamando menos la atención, pero creo que este tiene más posibilidades de tener éxito. Y de fructificar me temo que tendría un efecto muy pernicioso sobre el deporte en general y el fútbol en particular.

Hablo de ese proyecto de Superliga europea que ha aparecido en los medios estos días. Proyecto liderado por esos que creemos nuestros amigos y que en un ataque de avaricia pueden acabar con el fútbol profesional en España y muchos países de Europa. Por si creéis que exagero, quiero recordar que tres o cuatro equipos de nuestra liga en principio dejarían de jugarla y que esa nueva competición tiene intención de jugarse los fines de semana. ¿Qué supondría para los contratos televisivos la ausencia de Madrid y Barcelona? ¿Qué supondría tener que seguir la liga doméstica con partidos entre semana?

Parto de la base de que Tebas me parece un personaje siniestro al que el fútbol le interesa más bien poco. Digamos que un mercenario en tanto en cuanto trabaja por dinero sin importarle a quién va a servir. Le hemos visto de parte de personajes nefastos para el fútbol como Tinelli o Piterman, asesorando a una decena de clubes en sus procesos concursales o al frente de G30 liderando a los menos grandes del fútbol profesional en su lucha por un mejor contrato televisivo antes de ser elegido presidente de la LFP. Pero lo bueno que tienen los mercenarios es que viven de hacer bien su trabajo. Son temporeros de lujo. Y ahora es Tebas quien se ha puesto al frente del grupo que lucha contra esa Superliga. Lo hace porque sabe que es malo para el fútbol y malo para él. De la misma forma que lideró la lucha contra la violencia y los amaños en el fútbol o ha conseguido aumentar los ingresos y la visibilidad de nuestra liga, ahora ha declarado la guerra a la Superliga.

Es difícil hacer un boicot al Madrid o al Barça o a sus anunciantes, pero al menos debemos dejar de sufrir esa suerte de síndrome de Estocolmo que hace que se apoye a esos equipos y empezar a valorar a quien ha modernizado y mejorado nuestra liga. Aunque es verdad que a costa de los aficionados. Quizá 'Aficiones Unidas' deba contratarle para defender nuestros derechos.