Editorial: Bienvenida a Ronaldo

Es alentador saber que la persona que se hará cargo del Real Valladolid es un hombre de fútbol con sensibilidad social

Ronaldo Nazário se fotografía con los aficionados del Real Valladolid tras anunciar la compra de la mayoría accionarial del club blanquivioleta./Gabriel Villamil
Ronaldo Nazário se fotografía con los aficionados del Real Valladolid tras anunciar la compra de la mayoría accionarial del club blanquivioleta. / Gabriel Villamil

La comunicación oficial ayer del acuerdo de venta del Real Valladolid al exfutbolista Ronaldo –noticia que El Norte de Castilla adelantó el pasado sábado a toda página en su portada– sitúa al club ante un futuro prometedor. La operación se cerró la semana pasada y supondrá un salto evidente para las perspectivas del equipo. Es positivo que el traspaso se haya realizado sin especiales polémicas y con cierta agilidad. Tan solo tres partidos se han disputado desde el inicio de la competición, por lo que no se ha dejado tiempo a que la incertidumbre afecte en su ánimo negativamente. Lo es también que se haya orientado desde la continuidad, con Carlos Suárez, actual presidente, implicado al máximo en el proyecto. Asimismo, es alentador saber que la persona que asumirá la máxima responsabilidad, Ronaldo, es un hombre de fútbol y que se haya mostrado –al menos así lo expresó en rueda de prensa– sensible con la vertiente social que debería siempre rodear el mundo del deporte y el fútbol, en especial. En este sentido, destaca por encima de otras valoraciones que el astro brasileño prometa «seriedad y honradez».

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El Valladolid es una empresa, pero no es cualquier empresa. De su buena marcha, que todo vallisoletano de bien seguramente desea, hasta si no es aficionado ni abonado del club, dependen consecuencias económicas importantes. Un equipo consolidado en la liga más importante del mundo es un activo que pocas ciudades de España atesoran. Sin embargo, además del dinero hay otras cosas. Hay elementos cualitativos, difícilmente calcuables en términos puramente monetarios. Por ejemplo los vinculados a la identidad colectiva. De hecho, ni en la ciudad ni en la provincia ha germinado una reacción de rechazo a este cambio en la propiedad del Real Valladolid. Muy al contrario, la ciudadanía en general y la afición en particular se han mostrado, al menos en estos primeros momentos, netamente favorables. Queda por hacer, pues, lo más difícil: terminar de cerrar el proceso, definir una serie de objetivos realistas y, por supuesto, conseguirlos. Pero, como dijo Ronaldo, desde la «seriedad y la honradez». Sea bienvenido a Valladolid.

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