El eibarrés Gabilondo, la primera gran figura del Real Valladolid

Debutó con 17 años, ganó dos ligas con el Atlético Aviación, fue capitán del equipo nacional y seleccionador

Los jugadores del Valladolid que se enfrentaron al C.D. Logroño en partido copero de la temporada 1930-31. De izquierda a derecha, Grande, Gabilondo (con un aparatoso pañuelo en la cabeza), Chacártegui I, López, Anduiza, Antón, García, Irigoyen, Salvadores, Susaeta, Cimiano y Chacártegi II./Archivo J. M. O.
Los jugadores del Valladolid que se enfrentaron al C.D. Logroño en partido copero de la temporada 1930-31. De izquierda a derecha, Grande, Gabilondo (con un aparatoso pañuelo en la cabeza), Chacártegui I, López, Anduiza, Antón, García, Irigoyen, Salvadores, Susaeta, Cimiano y Chacártegi II. / Archivo J. M. O.
J. M. ORTEGAValladolid

Mucho antes de que Éibar y Real Valladolid midieran sus fuerzas por primera vez, el eibarrés Ramón Gabilondo, nacido en la ciudad armera en 1913, se convirtió en la primera gran figura que militó en el conjunto blanquivioleta.

Pese a nacer en el seno de una familia acomodada, dueña de la prestigiosa fábrica de armas 'Gabilondo y Urresti', el pequeño Ramón tuvo claro que el futuro dependería de su esfuerzo y no de la fortuna de su apellido, siendo tan buen estudiante como futbolista. Hizo el bachillerato en Vitoria y con 16 años, su padre le envió a Valladolid para que estudiase Medicina, en una época en la que la Universidad vallisoletana era la preferida de los jóvenes vascos, especialmente en las Facultades de Derecho y Medicina.

El Rácing de Santander, que entonces estaba en Primera División, trató de convencerle con una suculenta oferta para que eligiera el fútbol antes que los estudios, pero como el dinero no era una razón prioritaria, Ramón Gabilondo llegó a Valladolid siendo todavía un niño, en 1929. Tenía clara su vocación de médico, pero tampoco quería olvidarse de su pasión por el fútbol y se enroló en la Ferroviaria, un equipo amateur pero muy querido en la capital del Pisuerga, donde empezó a impartir clases magistrales como medio centro, que no pasaron desapercibidas para un jugador del Real Valladolid, que además también estudiaba Medicina, Pablo López, que influyó decisivamente en su fichaje por los blanquivioletas.

Ramón Gabilondo, con la camiseta del Atlético Aviación.
Ramón Gabilondo, con la camiseta del Atlético Aviación. / J. M. O.

El padre de Ramón, Luciano Gabilondo, accedió al fichaje siempre que no fuese un obstáculo para sus estudios, y así el 30 de noviembre de 1930, el niño prodigio eibarrés debutaba en el conjunto vallisoletano, que se enfrentaba al Fábrica Nacional, de Palencia, en partido de Tercera División, que el Pucela ganó por un contundente 6-2, dos de los cuales, el primero y el último, llevaron la firma de Gabilondo, que además de un notable sentido táctico y una portentosa calidad en el dominio de la pelota, acreditó un gran olfato goleador.

Gabilondo fue uno de los 'héroes' blanquivioletas que eliminaron al Atlético Madrid en la Copa de España, de modo que los dirigentes colchoneros tomaron buena nota y, al concluir sus estudios en Valladolid, le ofrecieron un contrato para jugar con ellos y facilitarle el acceso a la Facultad de Medicina de Madrid, donde hizo el doctorado en el verano de 1934.

Ramón Gabilondo, ya con 21 años, no hizo sino confirmar en Madrid su enorme potencial futbolístico y su personalidad, lo que le convirtió en capitán del conjunto madrileño de antes de la guerra, y también después de la contienda bélica, con el nuevo nombre de Atlético Aviación, entrenado por el mítico Ricardo Zamora, con el que ganó dos Ligas consecutivas, la 1939-40 y la 1940-41.

En su mejor etapa como futbolista, fue cinco veces internacional y capitán se la selección en una época en la que España solo podía enfrentarse a países 'amigos', como Portugal, Italia y Alemania, optando por colgar las botas en 1946 para dedicarse a ejercer su carrera como médico de la recién creada Mutualidad de Futbolistas.

Pero el doctor Gabilondo no se apartó totalmente del fútbol, pues se ocupó del equipo juvenil del Atlético de Madrid, donde descubrió a Enrique Collar, y posteriormente, de la selección nacional juvenil, cumpliendo un rodaje que le sirvió de mucho cuando en 1959, el presidente de la Federación Española de Fútbol, Lafuente-Chaos, decidió que al frente de la selección nacional estuviera un triunvirato formado por José Luis Costa, Ramón Gabilondo y Jaime Lazcano, los tres médicos, igual que el propio presidente, pero todos ellos ex - jugadores de postín: Costa, en el Zaragoza y Atlético de Madrid; Gabilondo, en el Valladolid y Atlético Aviación, y Lazcano, en el Osasuna y el Real Madrid.

Pese a que en el equipo nacional coincidieron Kubala y Di Stéfano, además de Luis Suárez y Gento, la etapa del trío seleccionador tuvo claroscuros, con diez victorias, tres empates y cinco derrotas, especialmente dolorosas las dos últimas, contra Inglaterra (4-2) y ante Austria (3-0), que precipitaron el adiós de Gabilondo y sus compañeros al frente del equipo nacional.

Mucho tiempo después, en 1978, con ocasión de unos reportajes con motivo del Cincuentenario del Real Valladolid, entrevisté a Gabilondo en Madrid, sacando una inmejorable impresión de aquel encuentro en el que quedó patente su cariño hacia el que fue su primer equipo serio y los gratos recuerdos que conservaba de sus cinco años en la capital vallisoletana, tanto de las aulas de la Facultad de Medicina como del viejo campo de la Plaza de Toros.