El gol

Los jugadores del Real Valladolid celebran un gol en el partido frente al Huesca. /G. Villamil
Los jugadores del Real Valladolid celebran un gol en el partido frente al Huesca. / G. Villamil
JUAN ÁNGEL MÉNDEZ

Es el señor feudal del fútbol. El bien más codiciado y caro del escaparate, el gol. Un liberador de adrenalina cuando el balón besa la red contraria y un episodio angustioso cuando es el portero propio quien recoge el cuero al otro lado de su frontera. El Real Valladolid tiene la mitad del tesoro. Ha conseguido sellar su arco y esquivar el vértigo que zarandea a los equipos que encajan con facilidad, pero le falta la mitad del cofre, algo que tiene una relación muy directa con la capacidad de inversión. En una equivalencia económica, el gol es al fútbol lo que los euros al presupuesto de nobles y modestos. Y en este escenario, el cuadro blanquivioleta tiene la vanguardia que le ha permitido su chequera.

Ünal y Cop son dos gladiadores, dos futbolistas que ponen su alma al servicio del colectivo y atiborran sus piernas de kilómetros en cada partido, pero de momento no han conseguido ligazón anotadora. Están bien acoplados en la vertiente defensiva, en la presión, pero les falta afilar el colmillo y algo de elasticidad para transformar en ocasión los balones que reciben. El problema no reside tanto en el fallo, sino más bien en su capacidad para fabricarse oportunidades y cruzar la meta. La fortaleza del grupo y el brillo de la mesnada que se asoma al área desde la segunda línea (como Toni, Leo Suárez, Plano, Alcaraz o Míchel) han difuminado esta carencia, pero la temporada es larga y cualquier aspirante a salvarse sin agobios necesita que su 'nueve' marque y meta miedo.

Ante el Espanyol, el Real Valladolid volvió a dar una lección de compañerismo y ambición, fútbol en una palabra. Supo sufrir tras el zapatazo de Borja Iglesias y en la segunda mitad salió a tumba abierta para encerrar en su área a uno de los mejores adversarios que ha pasado por Zorrilla en los últimos tiempos. Un empate de mucho mérito. El conjunto de Sergio representa la figura del guerrero infatigable y el técnico siempre aporta una respuesta coherente a las circunstancias que se le presentan en cada partido. Una combinación perfecta a la que solo falta la eclosión del 'nueve'.

Los blanquivioleta tienen el sábado un doble reto, presentar sus señas de identidad en uno de los templos sagrados del fútbol mundial y lidiar con un Real Madrid que acude al partido con las puertas de emergencia abiertas de par en par. Casi nada. El Real Valladolid es especialista en vivir este tipo de situaciones. Está acostumbrado a estar presente en hitos que son recordados en el tiempo. Esperemos que, en esta ocasión, la machada sea ensanchar la herida que convulsiona al equipo local y no que los titulares hablen de la recuperación merengue tras un bálsamo de goles. Veremos.

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos