ESTÁN EMOCIONADOS

La alegría por la victoria es diferente cuando se comparte con los compañeros de clase, con los amigos del recreo

El estadio guardó un minuto de silencio en memoria del pequeño Gabriel Cruz Ramíez. /GABRIEL VILLAMIL
El estadio guardó un minuto de silencio en memoria del pequeño Gabriel Cruz Ramíez. / GABRIEL VILLAMIL
JESÚS MORENOValladolid

Me escribió un mensaje Amanda, la directora del Colegio Rosa Chacel de Montemayor de Pililla, un instante después de que Jaime Mata marcara el gol que supuso otra victoria agónica en esta temporada ciclotímica, como de montaña rusa, en la que los aficionados están experimentando toda la gama de sentimientos del abanico emocional del ser humano. Los niños de ese centro habían sido invitados por el Real Valladolid dentro del concurso literario ‘Mi Primera Crónica del Pucela’ y llevaban toda la semana ilusionados, imaginando cómo sería el partido, diseñando pececitos con los que rendir un último homenaje a Gabriel, tan niño, tan risueño, tan inocente como ellos. ‘Uno di noi’ podrían haber pensado. «Están emocionados», decía aquel WhatsApp. El fútbol se vive de una manera más pura y, quizá, más sana cuando se aparcan los debates sobre el entrenador, las tácticas, las alienaciones o los ‘guerracivilismos’ que contaminan el entorno, y se observa desde los ojos de un niño. Los cánticos, vítores y goles suenan distintos en las gargantas de los más pequeños. La alegría por la victoria sabe diferente cuando se comparte con los compañeros de clase, con los amigos del recreo.

El Real Valladolid que, durante un tiempo, se sintió ajeno a la ciudad y a la provincia ha comenzado el regreso a la que es su casa. Como si fuera Francisco de Quevedo, el Pucela por fin ha mirado los muros de su patria para tratar de crecer en lo social cuando el marcador no acompaña, la manera más fiable de asegurar el futuro. Sí, es un club deportivo que se debe a sí mismo, a su historia y a su propia afición el reto de tratar de salir victorioso siempre que salte a un terreno de juego. No puede olvidar que su fin último es el de ganar partidos. Pero ello no resulta incompatible con alcanzar visibilidad y fidelidad con todas aquellas iniciativas tendentes a devolver a la sociedad parte de lo que la sociedad en algún momento le ha entregado, con todas aquellas promociones cuyo fin no es otro que el de despertar en los niños el cariño hacia un equipo que, por acción de unos u omisión de otros, corría el riesgo de resultar un perfecto desconocido. Es importante que el sentimiento llegue donde no alcanzan los resultados.

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