El gol más emocionante del talismán

Antoñito anotó ayer en el Villamarín y lo celebró con su familia, que le observaba desde la grada

Antoñito celebra el gol
J. A. Pardal
J. A. PARDAL

Antonio Jesús Regal, Antoñito, no olvidará nunca su primer gol en Primera División. No se le borrará de la mente porque lo que ayer logró en el Benito Villamarín con el Pucela es aquello con lo que sueña todo jugador de fútbol cuando se calza las botas en sus primeros años en los campos más humildes. Lo recordará con más fuerza ya que cuando un hito profesional tiene además una carga emocional se graba a fuego en el corazón y las neuronas de su protagonista.

A comienzos de semana el futbolista, nacido en la localidad sevillana de Herrera situada a 150 kilómetros del coso verdiblanco, aseguraba que, de marcar un gol, lo celebraría porque se debe a la afición del Real Valladolid. «Un cachito de mi corazón es del Pucela, me han tratado muy bien en el año que llevo aquí y es el equipo que tengo que defender», decía a los periodistas. Seguramente por aquel entonces no soñaba con lo que iba a ocurrirle y mucho menos que su acierto iba a suponer una victoria blanquivioleta a orillas del Guadalquivir.

El subidón por conseguir un gol no lo experimentaba Antoñito desde hacía casi tres años, cuando en las filas del Albacete inauguró el marcador en un choque contra el Oviedo. Anoche lo celebró, ¡Y de qué manera! Apuntó a la grada, recibió el abrazo de todos sus compañeros y después formó un corazón con los pulgares y los índices de sus manos... En el estadio estaba su familia, justo junto a la banda por la que cabalgó hasta empujar a gol con un sutil toque un gran servicio de Toni. Tras el choque, aún exultante aseguró que no tenía ningún remordimiento por hacer un gol en Sevilla sino que se sentía «más contento todavía», por haber «marcado en casa».

Y es que el sevillano también dijo en aquella comparecencia ante los medios de comunicación del pasado martes que su familia sería blanquivioleta por un par de horas frente al Betis. «¡El domingo van con el Valladolid que es quien me da de comer!».Así que la alegría fue total para él y para los suyos, porque de la mano de su gol el equipo se encaramó a la sexta posición de la liga, volviendo muchos años después a ocupar puestos de competiciones europeas, aunque sea de forma momentánea.

Cuando en el minuto 36 la pelota pasó por debajo de Pau López y atravesó la línea de cal se consumó el premio a toda la trayectoria de un futbolista que no ha llegado a la máxima categoría del fútbol español hasta los treinta años. Además, ha ido cobrando protagonismo a medida que va avanzando la temporada porque no fue hasta la sexta jornada cuando Sergio le dio la alternativa. Lo hizo tras la lesión que obligó a Óscar Plano a abandonar el terreno de juego y después le ha dado la titularidad tanto en Villarreal como frente al Betis.

Desde el día de su debut en la élite hasta hoy las comparecencias de Antoñito se cuentan por victorias en la casa pucelana. Jugó 21 minutos frente al Levante, todo el partido en Villarreal, otros 19 frente al Huesca y 90 ayer en Sevilla y en todos esos partidos el Real Valladolid se llevó los tres puntos. De hecho, ha participado de las cuatro victorias del equipo.

Siempre contento, bromeando durante los entrenamientos y en sus apariciones ante la prensa, desde el pasado mes de junio la calle principal del recinto ferial de su localidad natal lleva su nombre, en reconocimiento al primer jugador nacido allí que ha llegado a Primera. Desde ayer sus paisanos tienen un motivo más para sentirse orgullosos. Para aquellos que sean béticos la derrota habrá sido un poco menos agria.

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