Energía positiva

El público abarrota las casetas regionales durante la Feria y Fiestas de Valladolid. /R. Gómez
El público abarrota las casetas regionales durante la Feria y Fiestas de Valladolid. / R. Gómez
TONY POLA

Valladolid, 10 de septiembre, un grupo de restauradores recoge en el Paseo Zorrilla los restos de lo que hasta el domingo era una caseta de ferias llena de pinchos y buen ambiente. La ciudad del Pisuerga amanece triste, sabedora de que tras unas coloridas fiestas llega la gris rutina. Mientras unos guardan las sombrillas, otros se dirigen a unos conocidos grandes almacenes para comenzar las costosas compras de cara al inicio del curso escolar. Muchos de ellos volverán a sus tareas diarias en Valladolid; otros tendremos que volver casi con lágrimas en los ojos a otros parajes. Han sido días de reunirse con los amigos, de gozar con la gastronomía pucelana y de disfrutar de esta maravillosa tierra; municipio que saca lo mejor de sí durante estas fechas, para volver a un tranquilo letargo invernal. Mientras me pregunto dónde se mete y de dónde saca el dinero para pinchos toda esa gente en esos meses de frío, mi tren se aleja un año más. Seguramente regrese aquí en Navidad, como tantos otros, para reunirme con aquellos que tildan de recios y fríos en algunos lares. Mirando a las vías pienso en ese familiar con achaques, en ese colega al que no le va bien en esa gran fábrica, en el que sufre mal de amores y en tantos otros que no atraviesan su mejor racha. Quizás sea que Valladolid es como sus gentes, difícil y exigente. Si hasta ha tenido que venir un brasileño a interesarse por el club bandera de nuestra ciudad. Habrá quien lo niegue o a quien no le guste, pero el Real Valladolid sigue siendo un gran nexo de unión para miles de vallisoletanos. Ojalá nuestro Pucela comience a asentarse en Primera y actúe como antidepresivo ahora que dejamos atrás el cálido verano. Llegan meses de trabajar, de estudiar, de empezar colecciones de fascículos... Jornadas que, en algunos casos, se verán felizmente adornadas por unos minutos en los que podremos disfrutar de ese equipo al que seguimos ligados desde hace muchos años. Pasados los días de Celtas, Lorenzitos y lechazo, nos quedan muchas cosas con las que disfrutar. Una de ellas, no lo olvidemos, son los equipos de Valladolid. La rutina también implica acudir periódicamente al balonmano, al rugby, al baloncesto... Otros tendremos que tirar de radio o televisión para desconectar de nuestros quehaceres y cargarnos de esa energía positiva que da estar enganchado a algún club pucelano.

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