Errores, autocrítica y minutaje

Los tres centrales del Pucela, en el primer palo, en el gol del Leganés. /Gabriel Villamil
Los tres centrales del Pucela, en el primer palo, en el gol del Leganés. / Gabriel Villamil
JAVIER YEPESValladolid

La polémica jugada final de tan nefasto resultado deja varios considerandos para debatir. El primero sería el del minuto en el cual se produce y ahí no existe discusión, ya que el reglamento dice que una sustitución realizada en el descuento acarrea medio minuto de alargue. Así pues, no es más que una cuestión de riesgo versus beneficio si el entrenador piensa que Plano ya no podía aguantar tres minutos y considera imprescindible la entrada de Moyano.

Con el cambio realizado, la segunda cuestión es saber si se hace absolutamente imperativo, con tres centrales en el campo, el que Guardiola se incorpore en tareas de marcaje en plena línea defensiva.

Yo siempre he sostenido que si el delantero centro no se hace imprescindible en tareas defensivas, lo mejor es dejarle en su sitio porque ni defiende como un defensa ni es beneficioso su concurso ya que el contrario te incorpora de inmediato a sus dos centrales a la jugada.

La pregunta es obvia, ¿cómo sabemos que no es imprescindible ahí su concurso? Y la respuesta lo es más aún: si no ha tenido que bajar a lo largo de todo el partido... ¿porque ahora?

Y la última consideración es de orden técnico y hace mención de forma palmaria al desarrollo de la jugada.

Para que exista remate de cabeza,tiene que producirse un buen centro; así pues, se hace tan importante o más la presión sobre el que «pone el balón», para que lo haga en las peores condiciones o no llegue a hacerlo, que sobre el que va a efectuar el remate. La presión siempre mejor en origen que en destino.

Explicada esta última jugada tan trascendente, bueno será decir que me gustó la forma de encarar el partido que tuvo el míster y la respuesta inicial del equipo.

Ese sistema con defensa de tres centrales y dos jugadores de banda, se complementó con cuatro jugadores por delante escalonados en dos alturas diferentes y con la novedad del canterano Waldo. Arriba, y en su sitio natural, Sergi Guardiola.

El equipo no pasaba excesivos apuros al tiempo que se proyectaba con peligro en ataque para desesperar a un Leganés incapaz de llegarnos. Guardiola, por contra, tuvo dos clarísimas y las malogró.

La segunda mitad nos dejó un Pucela excesivamente conservador, timorato en la disputa al tiempo que nulo en la gestación de jugadas de peligro.

En el juego habíamos pasado de dominadores a dominados y eso no suele ser bueno, porque estadísticamente el equipo local suele ser el dueño del arreón final cuando este puede producir rédito.

Asi pués, bueno será corregir esos errores que nos matan, hacer autocrítica de cómo y porqué se han producido y olvidarnos de lo demás. ¿O es que los segundos descontados ayer no son los mismos que en Eibar cuando ganamos? ¡Pues eso!