El espíritu de Jaime Mata, presente en el Real Valladolid

El autor recuerda al goleador y resalta la ascendencia de su figura sobre el equipo pese a su marcha hace más de medio año

Jaime Mata celebra un gol con el Real Valladolid en Zorrilla./Gabriel Villamil
Jaime Mata celebra un gol con el Real Valladolid en Zorrilla. / Gabriel Villamil
JUAN ÁNGEL MÉNDEZ

Lo confieso, no puedo dejar de contemplar la foto que coronó la soberbia portada que fabricó el lunes este diario. Cuanto más la miro, interpreto más gestos, encuentro nuevas señales que me invitan a creer con más fuerza. Brutal. Es el fiel reflejo de un vestuario que vuelve a demostrar que está comprometido y que quiere pelear hasta el epílogo. Rabia, euforia, coraje, liberación. Haga un ejercicio. Coloque a Jaime Mata en la imagen, en lo alto de la piña. Encaja. La estampa representa el legado que dejó el delantero madrileño. Puro corazón, fe inquebrantable. Si yo fuera Sergio, pondría su foto agitando las mallas, tras un gol, en el centro del vestuario. El ejemplo a seguir. Un futbolista que ha cincelado su trabajada carrera a base de sudor y convencimiento. Nadie le ha regalado nada y luce hasta guapo con la camiseta de la Roja. Estoy seguro de que nunca ha dejado de vestir la casaca del Real Valladolid y sigue alineando los astros desde Getafe para que su Pucela se salve. No solo empaqueta a los rivales blanquivioletas a base de goles, sino que empiezo a pensar que ha contagiado a Guardiola, que se marcó una cabalgada, definida con tino, que bien podría haber llevado el sello del nuevo delantero de la selección española. Orgullo.

(Sigue leyendo tras la imagen de la portada de El Norte de Castilla del pasado lunes)

Algo ha cambiado en el cuadro castellano. En condiciones normales, el Real Valladolid habría encajado el 2-0 en el tiempo de prolongación y al autobús, pero el domingo la mueca enfiló el camino hacia la cima. Verde lanzó el penalti con pausa y determinación. Guardiola se desbocó hacia la portería rival como quien lleva perdido tres días en el desierto y al fondo divisa un chupito de agua. Es el espíritu indomable de Jaime Mata. No lo olviden. Si algún futbolista tiene alguna duda, que visualice en su mente al madrileño y siempre encontrará el punto de motivación para que la pasión no pierda el paso.

Ahora, es tiempo de prolongar la ola y escapar definitivamente de la angustia. Llega el momento de poner la épica en el foco y que la mandíbula no aparezca relajada hasta el desenlace. Que Zorrilla por fin sea inquebrantable. Solo así conseguiremos repetir la portada del lunes. El fútbol volvió a ser pastoso en Eibar, pero cuatro minutos mágicos lo cambiaron todo. Es el espíritu de Jaime Mata, no lo olviden, con Mendilibar como testigo en el banquillo rival. Historia viva, señales del destino que el Real Valladolid debe agarrar con fuerza para mantener en pie el proyecto. De lo divino a lo terrenal, Sergio necesita seguir explorando mejoras para que las prestaciones de su equipo no decaigan. De momento, me quedo con el volantazo al destino y la mala pinta que tienen los tres conjuntos que abrochan la tabla. Sigan creyendo juntos y piensen que los blanquivioletas por el mundo continúan haciendo magia en la distancia. Juntos, todo resulta más sencillo.