un estado de ánimo

El autor afirma que el 'play-off' del Real Valladolid comienza en domingo en La Romareda y que ese estado de ánimo que ha inculcado Sergio González debe de ser suficientemente sólido como para que sus jugadores crean que son invencibles

Sergio González da isntrucciones a sus jugadores en los Anexos. /GABRIEL VILLAMIL
Sergio González da isntrucciones a sus jugadores en los Anexos. / GABRIEL VILLAMIL
JESÚS MORENOValladolid

Jorge Valdano –al que con su tono lleno de educación y pausa, quizá demasiada, considero mejor comentarista que futbolista, entrenador o director deportivo– le recuerdo por dos cosas principalmente: un control de balón defectuoso, en su época de mundialista internacional con Argentina, que propició el gol con la mano más famoso de la historia del fútbol, la célebre 'mano de Dios' de Diego Maradona ante Inglaterra. Y por estimar que el fútbol no es otra cosa que un estado de ánimo. No sé si la frase es originalmente suya, ni si fue el primero que la pronunció, pero es a él a quien se la he escuchado como una de las mejores síntesis de lo que es ese deporte. El fútbol despojado de conceptos tácticos, y presentado como un juego practicado por unos sujetos en el que el sentir individual y colectivo, como futbolistas y personas, es una variable que influye tanto o más en el desarrollo del mismo como cualquier otra consideración técnica.

El Real Valladolid recibió un primer gol en Lorca de los que, antaño, le habrían colocado cara a cara, otra vez, con sus fantasmas favoritos, con sus enemigos íntimos, con aquellos miedos con los que chocó años atrás para frustrar todas las opciones de conseguir los objetivos con los que justificar una temporada. Esta vez, el final de la historia fue otro. El gran mérito de Sergio González, seis partidos después de que aterrizara en Valladolid, es precisamente ese. El de haber cambiado la dinámica, el estado de ánimo, el de dotar de confianza suficiente a sus jugadores para saber levantarse después de haber encajado el primer revés, el de haberlos aliviado de la pesada carga que supone el miedo a perder en un club, el Real Valladolid, que tiene la obligación –y más cuando milita en una categoría que no considera suya– de ganar casi siempre.

Los 'play-off' para el Real Valladolid comienzan este fin de semana; sí han leído bien, el próximo domingo el equipo jugará en Zaragoza el partido de ida de los cuartos de final de las eliminatorias de ascenso a Primera División. Y lo hará, por primera vez en años, con una sensación extraña, recluida al baúl de los recuerdos desde los tiempos de Miroslav Djukic; la de tener fuerza mental suficiente como para considerarse casi invencible.

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