exceso de azúcar

El autor recuerda el aviso del entrenador del Real Valladolid días atrás y compara la situación con otras similares

El argentino Guido Carrillo celebra un de los tantos conseguidos en Zorrilla, con Masip en el suelo. /G. Villamil
El argentino Guido Carrillo celebra un de los tantos conseguidos en Zorrilla, con Masip en el suelo. / G. Villamil
JESÚS MORENOValladolid

Si de algo hay que estar preocupado estos días en torno a las noticias que genera el Real Valladolid que –y hasta que la ventana de fichajes de invierno dicte otra cosa– se centran básicamente en los marcadores que cosecha cada fin de semana, no es tanto que el equipo esté atravesando un campo de asteroides en forma de malos resultados, pues en este juego nadie está vacunado contra las crisis deportivas, menos aún si hablamos de uno de los clubes con menos recursos económicos para combatirlas; sino que estos han llegado –en palabras del propio entrenador– fruto de cierta relajación provocada por un exceso de azúcar tras el partido que se disputó en el Santiago Bernabéu.

En realidad, ni siquiera esa falta de tensión habría sido como para ponerse en alerta de no ser porque el daño ya había sido detectado con antelación semanas atrás cuando, después del partido del Eibar, Sergio se apartó de su propio guion para señalar algunas distracciones que, tras aquel partido de Madrid, habían llevado a la plantilla a bajar un peldaño en sus prestaciones y, por lo tanto, lo que se esperaba desde ese momento es que se hubieran tomado las medidas oportunas para poner remedio a esos males.

El Real Valladolid, a lo largo de su historia más reciente, ha vivido experiencias traumáticas que comenzaron con situaciones como las que viene denunciando Sergio González estos últimos días. Temporadas que empezaron a irse al traste cuando el equipo desprendía mejores sensaciones por fallos de concentración o por ausencia de tensión y en las cuales lo más difícil siempre fue dar la vuelta a la situación.

Este grupo no puede permitirse caer en la relajación que pueda traer molicie primero y depresión después. Ellos no son así. Hasta ahora se han mantenido tan fríos, tan fiables que se podría haber dicho que su ADN coincide con el del Señor Lobo de 'Pulp Fiction'. Esta plantilla y este cuerpo técnico no merecen pasar a la historia como uno más de los que agrandaron esa leyenda negra que ha convertido al Real Valladolid en un equipo ascensor. Sería demasiado injusto con los jugadores más comprometidos y más orgullosos de los últimos años. Aquellos que se ganaron por derecho propio ver sus nombres esculpidos en mármol solo pueden caer derrotados porque su rival tuvo más acierto. El resto de virtudes las ponen ellos.

 

Fotos

Vídeos