La excusa del fue sin querer

La excusa del fue sin querer

El árbitro del partido fue demostrando a lo largo de los noventa minutos que le queda muy grande la categoría. Cuesta creer que no apreciara en la pantalla la infracción de Arias

JOAQUÍN ROBLEDO

Ahora, en tiempos de campaña electoral, justo cuando los políticos pretenden –más si cabe que habitualmente– convencernos de que con ellos al frente el paraíso estaría al alcance de la mano, el meme que me llegó por Whatsapp me arrancó una sonrisa. Que no te engañen, decía, los únicos que dan trabajo indefinido son los hijos. 'El Norte', no este periódico sino un grupo musical de los que a rebufo de la movida proliferaron a finales de los ochenta, perpetró una canción pastelosa hasta la náusea que repetía mil veces que 'un diamante es para siempre'. No, para siempre, para siempre, entendido siempre como todas las horas del día, todos los días del año, todos los años de la vida, los hijos. Por unos u otros motivos, siempre la están preparando. Yo, mal que bien, lo voy llevando aunque hay algo que me supera, una expresión que me saca de quicio: 'Fue sin querer'. Da igual si han tirado el plato de la comida al suelo, se han olvidado de un examen o han pegado a otro chaval en el colegio. Todo, siempre, fue sin querer. Lo grave es que debe de resultar tan eficaz que los adultos también decidieron utilizar la misma excusa. Así, para evitar que la responsabilidad por los daños se escapara por la gatera, los legisladores añadieron la palabra 'negligente' a una serie de conductas o resultados de conductas para que, aunque menos, tuvieran pena. El negligente en realidad no es el delito, lo es sino quien, por ejemplo, conduce a 200 Km/h o va bebido y atropella 'sin querer' a otra persona.

Los futbolistas, en este y otros sentidos, son como niños. Repiten eso de 'fue sin querer' para que la sanción sea menor o no sea. Sobre todo para aprovecharse de los puntos ciegos del reglamento, de esos, como las sanciones por tocar el balón con la mano, cuyo castigo depende de la voluntariedad. Ha sido involuntaria, dicen los niños cuando juegan el el patio, decíamos nosotros cuando éramos niños, dicen los profesionales. La interpretación del concepto, sin embargo, no es tan simple. Además ha ido evolucionando para ajustarse mejor a los comportamientos. Fue Michel Salgado quien hizo un arte de golpear el balón con la mano 'sin querer' para aprovecharse de ello. Extendiendo los brazos tapaba el centro del rival 'involuntariamente'. Eran « unas manos negligentes. Así fue la del defensor atlético, seguro que no quiso, pero tenía los brazos de forma que podían tapar el remate a gol. Podían y lo taparon.

El juez desde que existe el VAR no puede ampararse en el 'no lo vi', el equivalente arbitral del 'fue sin querer'. Él, que obviamente conoce el reglamento, tomó una decisión contraria a las normas que se aplican. En las once años que lleva abierta esta ventana no han sido habituales las coartadas arbitrales. Hoy tampoco. El penalti que Melero se tragó vino a resultas de la ejecución de una falta a favor del Pucela que el propio árbitro se había inventado. A mí, que más que los hechos siempre me interesaron las causas que conducen a su comisión, Melero me lo pone fácil: pita de oído –la falta citada y mil decisiones a lo largo del partido–y, ante la duda, tira a cagón. En realidad lo son todos, lo de apretar el pinganillo al oído es una forma de explicar a la concurrencia que lo que ocurre no es cosa suya, pero el malagueño lo es más. En ese tiempo de espera, con la mano pidiendo distancia, hizo una bola con sus miedos. El ir a ver la pantalla fue su excusa perfecta. Y no puede justificarse en que erró sin querer. Su conducta no fue negligente. Él, sí.