La final solo se jugó en la grada

Sergi Guardiola se lamenta desde el suelo por una ocasión perdida. /Efe
Sergi Guardiola se lamenta desde el suelo por una ocasión perdida. / Efe

Real Valladolid y Villarreal se repartieron la falta de ambición en un partido presidido por el miedo. «Lo que no puedas ganar en noventa minutos, no lo pierdas en tres», resume Sergio González

Luis Miguel de Pablos
LUIS MIGUEL DE PABLOSValladolid

Lo dijo alguien que perdió muy poquitas. «Las finales no se juegan, se ganan». Pentacampeón de Europa, Alfredo Di Stefano no solo ganó todas las Copa de Europa que disputó entre los años 1956 y 1960 sino que marcó en todas las finales. En todas y algunas más, puesto que ganó también una Intercontinental y una Copa del Generalísimo, además de una Copa América con su selección, entre otras. ¡Vamos, que algo de finales sabía la Saeta! Las olía, con ese instinto que solo tienen los grandes. Ronaldo, en el palco, algo sabe también de finales. Las ha visto de todos los colores... salvo las que se libran por el descenso.

Hasta ayer no había presenciado ninguna de estas últimas el brasileño. Y muy probablemente abandonó el estadio sin saberlo...

En buena parte porque por lo visto en el campo, no así en la grada, no dio sensación de que fuera una final por la permanencia. Uno, porque en vista de los batacazos que ha recibido siempre que ha jugado contra un rival directo, optó por contemporizar y esperar a que fuera el otro el que arriesgara y expusiera en el campo. El otro, porque viene de lo que viene y hasta los empates le saben a victorias. Insípido el anterior contra el Espanyol, el de Zorrilla no le saca de pobre ni de la atonía en la que convive desde que comenzó la temporada. Con una inversión de 75 millones en verano y una propina de otros diez en el mercado invernal para incorporar a Iborra desde el Leicester, el Villarreal no debería estar para atar 'puntitos' en campos como Zorrilla, pero hasta en los minutos finales se le vio ayer deseando que el canario Hernández Hernández pitara el final.

Fue un partido miedoso, anunciado incluso en las horas previas en las que los dos técnicos repasaron más las virtudes ajenas que las propias. Sin rodar aún el balón, al propio Sergio González le pareció bueno un punto viendo por el rabillo del ojo que hasta la fecha había naufragado en todos los 'average' puestos en juego con rivales directos. Pinchó con el Leganés, también con el Rayo –con opciones de enderezarlo–, sucumbió ante el Huesca, y Villarreal no podía llevarse también el 'punto extra' después de haber logrado ganar en el estadio de La Cerámica.

Tampoco su colega Javi Calleja lo vio tan claro como para lanzarse a por los tres puntos. Amagaba con algún gancho pero rápidamente sacaba brazos el Villarreal para defenderse de los tímidos ataques del Valladolid. Aunque los mensajes del técnico visitante fueron de ir a arañar los tres puntos, sus propios jugadores le levaron la contraria, contemporizando en la segunda parte.

Así, lo que iba para final, se quedó solo en partido definitivo en la grada. Desde el recibimiento en los aledaños del estadio hasta los ánimos en la grada desde el primer minuto, todo en el ambiente olía a final... pero esa sensación no se trasladó al campo.

Hasta los técnicos dieron por bueno el resultado pese a que a uno se le había escapado la posibilidad de descolgar a un segundo equipo en la carrera por la permanencia –nueve puntos hubieran sido más 'average'–, y al de enfrente la ocasión de haberse enganchado a la vida a costa de meter el miedo en el cuerpo a un rival más que directo.

Hasta el propio Sergio se apuntó a una de las máximas del fútbol miedoso. «Está claro que a todos nos huvbiera gustado ganar y el equipo ha hecho cosas que echábamos de menos, pero a partir de ahí lo que no puedes ganar en 90 minutos no lo pierdas en tres», sentenció.

Solo perdió el aficionado, que creyó acudir a una de esas finales que se jugaron en el último mes de junio. Aquellas que nunca perdía. Como el bueno de Di Stéfano...