Las finales no se empatan

El Real Valladolid se antoja ese boxeador inexperto al que todos golpean pero nadie manda a la lona, siempre en pie pero incapaz también de ganar a los puntos

Los jugadores del Real Valladolid se abrazan a Ünal tras el penalti marcado en Mendizorroza. /Rafa Gutiérrez
Los jugadores del Real Valladolid se abrazan a Ünal tras el penalti marcado en Mendizorroza. / Rafa Gutiérrez
Luis Miguel de Pablos
LUIS MIGUEL DE PABLOSValladolid

No era el de Vitoria, como tampoco lo era el de Getafe, un partido para celebrar un empate. Y en ambos el escenario planteado por el Valladolid, capaz ahora de hacer lo suyo y también lo del rival, le empujan a no desdeñar un punto que tiene el mismo efecto que un reintegro para un pobre de solemnidad. Le empuja a seguir soñando pero no le saca de pobre.

Igual que nadie hubiera firmado hacer 38 empates a principios de temporada, mal haría conformándose con sumar de uno en uno ahora que ha empezado a jugar finales. Y las finales, ya lo sabemos, o se ganan o se pierden. En tiempos de Di Stéfano ni se jugaban. Se ganaban.

Y en mi opinión la de Mendizorroza se perdió, igual que se perdió la anterior ante el Getafe y la anterior de la anterior con la Real Sociedad enfrente. Esas tres finales –en la mano han estado– hubieran convalidado tres cuartos de permanencia.

Y en todas ellas se han repetido tiros en el pie que vuelven a dejar al equipo de Sergio a merced de los rivales directos. Ironía del destino tal vez, se ha empeñado el Valladolid en que sea él quien mande en sus partidos –para bien y desde luego para mal– y el resto de partidos los que manden en su clasificación.

Todos parecen preparados para noquearlo, también el destino, pero nadie lo manda a la lona. Es ese boxeador inexperto acorralado en el rincón que aguanta en pie sabedor de que le van a tumbar pero que no pierde la esperanza de que el de enfrente desfallezca antes.

Mucho se puede escribir de los errores que comete este equipo, que son muchos y un buen porcentaje impropios de la categoría en la que milita, pero si en algo no hay debate posible es que se levanta de todos los golpes. Ya vengan en forma de lesión –en Vitoria dos más–, empaquetados para regalo –como el de Yoel a los 188 segundos de partido–, o con deslices desde el banquillo, que los hay tan graves y en ocasiones inadvertidos como los que subyacen en el campo. En Mendizorroza se equivocó Sergio al menospreciar a un Míchel a medio gas para sacar a un Borja que no ha vuelto de su lesión y también acertó al repetir con dos delanteros, apuesta que debería ser una constante en lo que queda por delante. También acertará, aunque no es mérito, siempre que ponga en este tramo tanto a Joaquín como a Waldo. Son dos de las llamas menos intermitentes de un equipo al que se le puede regatear en calidad pero no en esfuerzo y compromiso.

Sabemos que si lo golpean, este Valladolid se revolverá. Que si lo mandan al suelo, volverá a levantarse. Pero convendría que el boxeador inexperto no enseñara la otra mejilla el martes para pelear en igualdad de condiciones con el Girona.

Es la primera de las cinco finales que quedan. Y la primera de las cinco que no hay que empatar.

PD: Algo debe estar cambiando en el plano de la fortuna cuando Calero se resbala en la penúltima jugada y su despeje va al palo y no se cuela en portería propia...