Sin fisuras

El autor analiza en clave positiva el actual momento que atraviesa el Real Valladolid e insta a todos (aficionados, directivos y por supuesto jugadores y club) a ponerse detrás del técnico para afrontar unidos lo que queda

Alcaraz hace un guiño a su familia, en la grada del RCDE, en la celebración de su gol ante el Espanyol. /LaLiga
Alcaraz hace un guiño a su familia, en la grada del RCDE, en la celebración de su gol ante el Espanyol. / LaLiga
JUAN ÁNGEL MÉNDEZValladolid

Podríamos estar tres días y medio hablando de la decadencia del Real Valladolid. Si me pongo, escribo dos libros, sin despeinarme, contando las miserias de un equipo que se descompone a jirones y que nada tiene que ver con aquel bloque competitivo y solidario que fue capaz de asomarse a la azotea de la tabla. Ahora, el conjunto de Sergio vaga por el sótano, a oscuras e incapaz de atinar con el interruptor que le permita conectar la luz y abrir la puerta para escapar corriendo del averno.

Podría, como digo, detenerme en la desgracia y ensanchar la herida, pero hoy no toca. Prefiero adentrarme en el pensamiento positivo como palanca para salir del fango. No sirve de nada encerrarse en el disgusto y pensar que nunca volveremos a sonreír. Es tiempo de unir fuerzas y buscar la misma dirección, sin distracciones. Y no lo digo por la hinchada, que sigue enviando al cubo de la basura, semana tras semana, el mito de que la grada de Zorrilla es fría. Me refiero al club y al vestuario. Percibo ciertos desajustes y algunos mensajes que no son idóneos para un equipo que quiere esquivar la tragedia. Resulta contraproducente que en las oficinas haya, justo ahora, grietas en torno a Miguel Ángel Gómez y también que algunos futbolistas hablen de que tienen que hacer caso al entrenador como si fuera una tarea por hacer. Faltaría más. El mundo al revés. Doy por hecho que la entidad confía en su director deportivo y que el vestuario va a muerte con su jefe. Y si esto no es así, entonces me pongo ya mismo a escribir sobre las miserias que representa el descenso y cómo desintegrar un proyecto en un tiempo récord. Sería algo imperdonable.

Es momento de aparcar los intereses particulares y centrar el tiro en el bien común. Solo hay un camino. Sergio. Aquí no puede haber fisuras. El club y los futbolistas tienen que ir hasta el desenlace con el técnico que les ha demostrado, con números y fútbol, que le sobra pericia para pilotar la nave. Y el que tenga una mínima duda, arriba y abajo, solo tiene una opción, desplazarse con disimulo a un costado y no molestar. El técnico también necesita hacer un ejercicio de reciclaje y autoafirmación para volver a creer y diseñar el plan que derrumbe la angustia y revitalice la psique del Real Valladolid. Los egos sirven de poco. Si llega el descenso, el dedo acusará a todos, no se salvará nadie. No miren atrás ni para rememorar los buenos tiempos. Es hora de disputar a muerte una liga de 12 jornadas. Da igual el rival. El primero, el Madrid. De momento, arrancamos con +3 con respecto a los rivales directos. A por ello.