Leo Franco, el paracaidista sin máster

El argentino Leo Franco dirigiendo al Huesca en el último partido ante el Girona. /J. Blasco-Efe
El argentino Leo Franco dirigiendo al Huesca en el último partido ante el Girona. / J. Blasco-Efe

El técnico argentino aterrizó en el banquillo después de ser director de Relaciones Externas y Protocolo del Huesca y sin más experiencia que 20 años de arquero y meses al frente de un equipo juvenil

Luis Miguel de Pablos
LUIS MIGUEL DE PABLOSValladolid

«Si puedes seguir creyendo en ti mismo cuando todos dudan de ti, / pero también aceptas que tengan dudas... / Si puedes encontrarte con el triunfo y el fracaso, / y tratar a esos dos impostores de la misma manera... /Si puedes hablar a las masas y conservar tu virtud». Los versos de Rudyard Kipling acompañan desde hace años a José Antonio Martín Otín, 'Petón'. Descansan en su mesilla de noche desde mucho antes de convertirse en mediático comentarista, y desde luego mucho antes de subirse a la última aventura que le ocupa como consejero delegado del Huesca y máximo accionista como presidente que es de la Fundación Alcoraz.

Petón también ejerce de escritor versado, y de la misma forma que las reflexiones del primer británico en recibir el Nobel de Literatura le sirvieron para publicar uno de sus muchos libros, 'El hombre al que Kipling dijo sí', también le guían en su vida diaria en todos y cada uno de los proyectos que acomete. Ese tono paternal subyace en sus comentarios pero también en la forma de hacer las cosas que ha predominado desde que convenciera a Agustín Lasaosa para tomar las rienda de la Sociedad Deportiva Huesca. Uno en el palco y Petón como consejero en el sentido más amplio de la palabra. Porque fue él quien sorprendió a propios y extraños apostando por Leo Franco para el banquillo en el estreno del club oscense en Primera División. Y del mismo modo es hoy, siete jornadas después, su único valedor en la entidad. Pocos entienden en el Alto Aragón un órdago de riesgo como el que se jugó el Huesca al contratar a un técnico sin más experiencia que la que le han reportado veinte años bajo la portería y un puñado de meses dirigiendo a un equipo juvenil.

En su etapa de portero defendiendo la camiseta del Huesca en Zorrilla ante el Real Valladolid.
En su etapa de portero defendiendo la camiseta del Huesca en Zorrilla ante el Real Valladolid.

Leonardo Neorén Franco (Buenos Aires, 1977) decidió retirarse como profesional en 2015 y desde entonces ha estado vinculado al Huesca, su último equipo de corto, como director de Relaciones Externas y Protocolo. No se planteaba otra cosa que no fuera ayudar al club de traje y corbata hasta que Rubi, el héroe del ascenso, decidió rechazar la oferta de renovación para irse al Espanyol –el Huesca llegó a igualar la propuesta 'periquita'–. Incluso Leo Franco optó por matar el gusanillo jugando dos temporadas como ala-pívot para el Stadium Casablanca de la Segunda División aragonesa de baloncesto.

El banquillo solo lo veía desde el palco, muy cerca de Petón. Y fue precisamente el exrepresentante de futbolistas quien se decantó por rizar el rizo después de tantear otros nombres como el de Pepe Mel o José Luis Oltra. ¿Por qué no?, se dijo. Si cogió el Huesca en 2013 en Segunda B, en 2015 lo tenía ya en Segunda, y hoy lo disfruta en Primera después de perdonar un 'play-off' de ascenso en 2017, ¿por qué no otra pirueta y fabricar un entrenador de la casa? Un hombre de club que responde al milímetro, eso sí, a la filosofía familiar que defiende el Huesca a capa y espada en el último lustro. No sorprende que los propios jugadores incidan una y otra vez en el discurso paternal –recuerdan– que trata de inculcar Leo Franco al vestuario. «El término familia es el que más repite el míster, tanto dentro como fuera del campo», ha reconocido el centrocampista Damián Musto en las últimas horas.

Formando con la plantilla del Stadium Casablanca de la Segunda aragonesa de baloncesto.
Formando con la plantilla del Stadium Casablanca de la Segunda aragonesa de baloncesto.

Un espíritu que entronca directamente con la economía familiar que impera en el club oscense. 'Si ingreso 5, gasto 4 y guardo uno'. Con esta premisa ascendió y con ella se maneja también en Primera División, donde no solo no ha apurado el tope salarial que impone la Liga de Fútbol profesional sino que ha reservado dos fichas para posibles contratiempos –uno de ellos ya lo tiene debido a la baja de larga duración de Luisinho, que entra mañana en quirófano–. La única decisión que le ha llevado a salirse del guion en el mercado de fichajes fue la de invertir más de dos millones de euros en la incorporación del extremo turco Serdar Gürler. El resto ha sido todo economía de guerra.

«El término familia es el que más repite dentro y fuera del campo», dicen sus jugadores

Mimbres que se consideran escasos para alcanzar el último techo que se ha fijado el tándem Lasaosa-Petón: convertirse en el Villarreal de los Pirineos. Ese es el último empeño de Petón, además de hacer que Leo Franco consiga hacer carrera en los banquillos con el Huesca como trampolín. El guardavallas internacional por Argentina –fue campeón del Mundo sub'20 en el año 97– que ha militado en Independiente, Mérida, Mallorca –en 2002 perdió en Zorrilla un récord de imbatibilidad que se había prolongado durante 384 minutos–, Atlético de Madrid, Galatasaray, Zaragoza, San Lorenzo y Huesca, busca hoy el equilibrio en una plantilla que ha dado más motivos para dudar que para confiar. Los devaneos del técnico a la hora de configurar un esquema sólido basado en un sistema regular –en el entorno añoran el 4-1-4-1 que tan buen resultado le dio en Segunda el curso pasado–, han creado confusión y alimentado la duda sobre su valía al frente del banquillo.

Él, mientras tanto, se agarra al consejo de Kipling. ««Si puedes seguir creyendo en ti mismo cuando todos dudan de ti...».

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