Goles mudos, celebraciones 'interruptus'

Leo Suárez celebra el segundo gol, anulado por el VAR, ante la presencia del turco Ünal. /Villamil
Leo Suárez celebra el segundo gol, anulado por el VAR, ante la presencia del turco Ünal. / Villamil

El VAR ha truncado hasta la fecha los tantos ya festejados de Keko, Nacho y Leo Suárez

Luis Miguel de Pablos
LUIS MIGUEL DE PABLOSValladolid

La trayectoria del Real Valladolid empieza a despertar debates de los que gustan al aficionado. Aquello de nueve años sin disfrutar tres victorias consecutivas en Primera, tropecientos sin jugar en Europa, otros tantos sin disputar el Trofeo Zamora,... Argumentos de abuelo cebolleta que añoran los tiempos en los que se prolongaba la 'e' de «Puuceeeeeeela» hasta la extenuación en el Viejo Zorrilla.

Y como todo en fútbol es debatible, una de esas conversaciones de barra de bar ha metido ya a Sergio González en el mismo saco que Mendilibar, Djukic y si me apuran el mismísimo Cantatore –precisamente el bueno de don Vicente cumplía este sábado 83 años–. Uno que se ha colocado en el bando de la perplejidad ante semejante comparación, acostumbra a recurrir a la enciclopedia cuando el asunto no trata de fútbol y a Mendilibar cuando hay balón por medio. El de Zaldíbar dejó tanta huella en Valladolid que su marcha no mereció estatua pero sí tratamiento de bronce a todo lo que hace o dice. Y la última vez que se pronunció fue este fin de semana para hablar del VAR y todo lo que ha sacudido su instalación en la mejor liga del mundo. Y cuando Mendi habla, el arriba firmante sube el volumen. Porque cuando Mendi habla, no hay bufandas por medio. Buena prueba de ello es que levantó la voz después de ganar en Girona, con tres puntos en el autocar y sin importarle lo más mínimo una sanción por decir las verdades del barquero.

«El partido ha sido un circo. Esto no es fútbol». Se refería el técnico del Eibar a los más de cuatro minutos que tuvo que ser detenido el partido para revisar una jugada en el VAR. Una situación que ya sufrió el Real Valladolid en campo del Villarreal, en un penalti de Kiko Olivas que necesitó de diez ojos, y que va camino de llevar al delantero delante de un tribunal de expertos cada vez que quiera celebrar un gol.

Confusión general

Eso mismo le ha pasado ya al equipo de Sergio González hasta en tres ocasiones en tan solo ocho jornadas, la última en la mañana de ayer, haciendo del 'circo' ininteligible para buena parte de los 17.300 aficionados que se dieron cita en Zorrilla. Concretamente los que no acudieron con pinganillo para sintonizar alguno de los carruseles deportivos. Con el marcador todavía en pretemporada, nadie acertó a entender si el gol de Leo Suárez era válido, si su celebración debía ser compartida, si lo de Mateu Lahoz era otra de sus excentricidades o si lo del argentino había sido otro de esos goles mudos con los que nos tenemos que acostumbrar a convivir. Porque Leo Suárez lo festejó por todo lo alto. Y con él 17.150 aficionados –dejamos a los 150 del Huesca al margen–, muchos de ellos repetidores que también habían gritado tan alto o más en el estreno en casa ante el FC Barcelona cuando Keko remató a gol en fuera de juego por centímetros.

Más kafkiano si cabe que Leo Suárez renunciara a su celebración cuando el fuera de juego era del jugador (Nacho) que le puso el balón en la cabeza sesenta metros antes de centrar. En este caso Nacho corrió más que el VAR para llegar a la línea de fondo y servir medio gol a su compañero. El otro medio –y en esto hay que empezar a acostumbrarse– es cosa de lo que vigilan las pantallas. Los que controlan ese 'circo' que dice Mendilibar, y que ya le costó una celebración al propio Nacho hace una semana en Villarreal. Decisiones justas las tres, cierto, pero al mismo tiempo igual de injusto para el jugador que recorre la banda en tiempo récord, le da tiempo a dar cinco abrazos y a besar diez veces el escudo antes de cruzar la línea del centro del campo.

 

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