21 gramos

El autor, optimista por naturaleza, se refiere a la ausencia de alma como el principal problema de este Valladolid

Keko se lamenta tras una ocasión malograda ante la presencia de Juan Soriano, meta del Sevilla. /Villamil
Keko se lamenta tras una ocasión malograda ante la presencia de Juan Soriano, meta del Sevilla. / Villamil
CARLOS PÉREZValladolid

A veces mi madre nos cuenta cómo cuando de pequeña mi abuela le mandaba a comprar jamón le decía que dijera al charcutero que el jamón en lonchas finas que eran muchos hermanos. Así que podéis imaginar esa loncha de jamón de los años cincuenta del pasado siglo. Esa loncha de jamón pesaría unos veinte gramos. Solo eso. Y eso es lo que nos cuentan que pesa el alma. Y el alma es lo que yo creo que ha pedido el Real Valladolid como equipo.

No soy de los que piensa que tengamos una plantilla tan mala como ahora la opinión pública me quiere hacer creer que tenemos. Opinión pública, no publicada. No hablo de la prensa, hablo de la calle. No creo que seamos mejores que muchos equipos, pero tampoco peores. Estamos donde estamos por méritos propios, porque esto es deporte y porque desgraciadamente es imposible que ambos contendientes ganen. Digo por méritos propios porque aunque creo que la fortuna no nos ha sonreído esta temporada y aunque algunos arbitrajes nos han perjudicado, lo cierto y verdad es que desde principio de temporada hemos visto lo que nos cuesta ganar y lo poco que nos cuesta perder.

El caso es que antes teníamos una esencia como equipo, un alma que hacía que fuese tan difícil ganarnos como difícil era que ganásemos nosotros. Acabamos la primera vuelta con veintiún goles en contra (sí veintiuno) siendo el séptimo equipo menos goleado de la categoría. Habíamos perdido siete partidos, pero no lo habíamos hecho en doce. Hoy a falta de siete partidos hemos encajado dos goles más que en toda la primera vuelta y hemos perdido ya un partido más. Hemos pasado de marcar diecisiete goles a marcar sólo siete. Hemos pasado de estar «tranquilos» a tener un problema.

No quiero parecer el sabelotodo ni el «cuñao» entrenador que tiene la solución. De hecho no la tengo. Pero creo que mayoritariamente estáis equivocados. El problema de este equipo son 21 gramos. Es el alma. No es un problema físico, ni de jugadores como Michel, Plano, Moyano o Borja, vuestros sospechosos habituales.

Si hemos dejado de hacer bien lo que que hacíamos bien es por las dudas. Esas dudas que hacen que por ejemplo un tenista no gane a Nadal después de tener un 'match-ball'. A uno se le encoge el brazo y la red está más alta y a nosotros los balones laterales nos parecen penaltis y la portería contraria de repente es de balonmano.

Sacar esto adelante no depende de ganar un partido y coger confianza. Se trata de volver a ser nosotros para volver a ganar partidos. En este caso está claro que es el huevo antes que la gallina.