El gran negocio del Rayo con Landáburu

Pagó al Real Valladolid 90.000 euros en 1974 y le traspasó al Barcelona por 180.000 después de dos temporadas de gran rendimiento

Landáburu, con la camiseta franjirroja del Rayo Vallecano, antes de un partido en el Camp Nou, que sería el siguiente escenario de sus éxitos. /
Landáburu, con la camiseta franjirroja del Rayo Vallecano, antes de un partido en el Camp Nou, que sería el siguiente escenario de sus éxitos.
JOSÉ MIGUEL ORTEGAValladolid

Fue el 7 de mayo de 1972. El Valladolid, entonces en segunda división, visitaba en Valencia al Mestalla ya en el tramo final de la Liga y sin opciones de subir ni riesgos de descender. Momento oportuno, pues, para comprobar si los informes de José Luis Saso y Pepe Rodríguez sobre el jovencísimo futbolista escolar del San José, eran ciertos.

Ese día, sustituyendo a Segura en la segunda parte del encuentro ante el Mestalla, debutaba con la camiseta vallisoletana, Jesús Landáburu Sagüillo (Guardo, 24-1-1955), que no solo iba a confirmar las recomendaciones de los dos exjugadores del Real Valladolid, sino que se convertiría en uno de los futbolistas de mayor talento de cuantos han vestido los colores blanquivioletas.

El domingo anterior había defendido la rojiblanca del equipo juvenil del colegio San José y, pese a contar con solo 17 años, demostró una confianza absoluta en sus posibilidades, que le permitió hacerse un hueco en el Pucela durante los cuatro partidos finales de la temporada 1971-72, y ganarse la titularidad con todos los entrenadores que ocuparon el banquillo en las cinco campañas siguientes, disputando 164 partidos oficiales, en los que además de convertirse en el cerebro del equipo, marcó 43 goles, alguno tan famoso como el logrado el 27 de noviembre de 1974, frente al Tenerife en el viejo estadio Zorrilla.

Apenas a cinco minutos del final había empatado el conjunto isleño y cuando se iba a sacar del centro, Landáburu vio que el portero contrario seguía celebrando con alborozo el gol de su equipo, dando saltos al borde del área, de modo que sin pensárselo dos veces lanzó una vaselina desde el círculo central que se coló en la portería tinerfeña, ante la desesperación del guardameta y de todos sus compañeros.

Aquella acción y las muestras de su clase con el balón en los pies, despertaron el interés de varios equipos de primera división, entre ellos el Sevilla, que ofreció cerca de 20 millones de pesetas (120.000 euros) a un Valladolid, ahogado por las deudas, como era costumbre. Con todo aparentemente cerrado, el presidente blanquivioleta, Fernando Alonso, y el propio jugador quisieron ir con la verdad por delante y aportaron un informe médico del doctor Caro Patón, en el que se constataba la existencia de arritmias cardiacas que, sin embargo, desaparecían con el esfuerzo.

Incluso Landáburu se sometió a un cateterismo, que entonces era una intervención delicada y dolorosa, pero el Sevilla, que había perdido a uno de sus jugadores, Berruezo, mientras disputaba un partido en Pontevedra, cuatro años antes, prefirió no correr riesgos y renunció al fichaje.

El mundo se le vino encima al jugador y al propio Real Valladolid, que necesitaba el traspaso para pagar las fichas de la plantilla, pero como suele decirse, Dios aprieta, pero no ahoga. Enseguida llegaron nuevas ofertas, entre ellas una del Burgos, que Landáburu rechazó porque necesitaba ir a una ciudad donde hubiera Facultad de Físicas, la carrera que había empezado en Valladolid.

Y así, el Rayo, recién ascendido esa temporada y entrenado por Héctor Núñez, que conocía muy bien a Chus Landaburu de cuando estuvo en el Valladolid, cerró su fichaje por 15 millones de pesetas (90.000 euros) y la disputa de un partido amistoso. La inversión rayista fue un éxito porque el exblanquivioleta se convirtió en la estrella de los vallecanos y, tras dos temporadas, fue traspasado al Barcelona por 25 millones (150.000 euros) y cinco (30.000 euros) más si disputada más de 15 partidos, cosa que, en efecto, ocurrió.

Landáburu terminó su carrera universitaria, especializándose en Cálculo Automático e Informática cuando apenas había ordenadores en España, fue internacional absoluto, ganó una Copa del Rey y una Recopa de Europa con la camiseta azulgrana, y protagonizó un nuevo traspaso millonario, recalando en el Atlético de Madrid, donde dejó una profunda huella de su enorme calidad profesional y humana en las seis temporadas que jugó en el Vicente Calderón, donde ganó otra Copa del Rey y una Supercopa de España.

Después de 17 temporadas con 555 partidos oficiales y 105 goles entre competiciones nacionales e internacionales, Chus Landáburu decidió colgar las botas para proseguir su andadura por nuevos derroteros profesionales, en los que también ha dejado constancia de su generosidad y compromiso colaborando con dos ONG, en ayuda de los más necesitados.

El Sevilla siempre habrá lamentado su decisión de no ficharlo y el Rayo, por el contrario, celebrará el acierto de llevarlo a sus filas por las dos temporadas formidables que realizó en Vallecas y por el negocio posterior, traspasándole al Barsa por el doble de lo que había costado.

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