Los grandes triunfos del Real Valladolid

El autor repasa las adversidades a las que se ha tenido que imponer el equipo para salvar la categoría

Los jugadores del Real Valladolid celebran sobre el césped de Vallecas la permanencia en Primera División. /GABRIEL VILLAMIL
Los jugadores del Real Valladolid celebran sobre el césped de Vallecas la permanencia en Primera División. / GABRIEL VILLAMIL
JESÚS MORENO

El Pucela ganó, el Girona perdió, y la entidad logró una de las mayores gestas en sus noventa años de historia. La 'permanencia de Vallecas' pasa a compartir vitrina en el museo de la historia del Real Valladolid junto con la Copa de la Liga, el ascenso de Palamós, el Valladolid de los récords o las finales de Copa del Rey.

Hace algunos años -bastantes, en realidad- me habría resultado impensable celebrar un éxito como el alcanzado el domingo. Entonces creía, y en cierto modo lo sigo haciendo, que el club tenía una obligación con sus aficionados y consigo mismo y esa no era otra que mantener, al menos, la categoría en Primera División temporada tras temporada. Festejar permanencias no era otra cosa que traicionar el pasado y reconocer a ojos de todo el mundo que el equipo era humilde, pequeño y pobre. Supongo que el ímpetu de esa juventud que lleva a revelarse contra el orden establecido me impedía ver el poderío económico que siempre han tenido nuestros rivales y los pies de barro con los que se estaba construyendo el Pucela de aquella época.

Pero este club todavía no es el de entonces. Su peregrinar por los infiernos lo ha dejado débil y bisoño. Por eso la 'permanencia de Vallecas' se debe considerar un éxito. El domingo pasado, el Real Valladolid vivió el primer día del resto de su vida. Un triunfo que radica tanto en el logro obtenido como en el camino plagado de obstáculos que se ha tenido que recorrer hasta alcanzarlo. Un trayecto que se inició hace tres temporadas, cuando el club se vio inmerso en la pelea por no descender a Segunda B, y que ha perdurado hasta este año en el que el equipo se ha visto obligado a pelear contra el limite salarial, los errores propios, los aciertos ajenos, los rivales, las lesiones y esa suerte de súper villano de cómic que silenciaba los goles y ahogaba la euforia. Como el Grinch pretendía hacer con los niños en Navidad, el VAR ha ido minando las ilusiones del futbolista, del cuerpo técnico y del aficionado con cada revisión, con cada decisión, con cada exceso de celo siempre hacia el mismo lado.

Por primera vez desde que tengo uso de razón, el Real Valladolid ha sido capaz de sobreponerse a todas las adversidades que los caprichos del destino han querido ponerle por delante para salir triunfador; quien resiste gana, beso a la amada y final de película.