Aquella inolvidable remontada del Real Valladolid

El Real Madrid llegó a Zorrilla con Di Stéfano, pero en cinco espectaculares minutos los blanquivioleta remontaron y acabaron venciendo 4-3

Esta foto dio la vuelta al mundo, pues era el primer tanto «de tacón» que Di Stéfano marcaba en España, y además en este acrobático escorzo que desorientó a Saso y a Matito, que también aparecen en la escena./
Esta foto dio la vuelta al mundo, pues era el primer tanto «de tacón» que Di Stéfano marcaba en España, y además en este acrobático escorzo que desorientó a Saso y a Matito, que también aparecen en la escena.
JOSÉ MIGUEL ORTEGAValladolid

Nunca hasta entonces, ni siquiera cuando llegó Kubala al Barcelona, un fichaje había causado tanto impacto en la Liga española. Después de sortear no pocos problemas burocráticos y económicos, Santiago Bernabéu logró hacerse con los servicios del argentino Alfredo Di Stéfano, estrella del Millonarios de Bogotá y reconocido entonces como el mejor futbolista del mundo.

El Real Madrid llevaba 21 años sin ganar la Liga, desde la temporada 1932-33, y necesitaba un revulsivo que encandilase de nuevo a su afición y acabara con la hegemonía del Barsa al comienzo de la década de los cincuenta, tras la llegada del húngaro Laszy Kubala. El revulsivo fue, en efecto, la Saeta Rubia, apelativo con el que ya era conocido Di Stéfano cuando llegó a España y que le puso el periodista argentino Roberto Neuberger, cuando jugaba en River Plate.

Di Stéfano se convirtió en el ombligo del fútbol español, en el jugador más determinante que hasta entonces había en nuestro país…a pesar de que a veces no podía evitar alguna derrota de su nuevo equipo, por ejemplo la que sufrió en el propio estadio merengue, que aún se llamaba «Chamartín», el 2 de noviembre de 1953, frente al Real Valladolid precisamente, por 1-2.

Ya en la segunda vuelta del Campeonato, el Real Madrid llegaba a «Zorrilla» como líder y Di Stéfano como principal reclamo para que el viejo recinto blanquivioleta registrase la mejor entrada de su historia, 25.000 espectadores según la crónica de El Norte de Castilla, una cantidad que parece algo exagerada, pues el aforo oficial del viejo estadio era en aquella época, de 20.000 localidades.

En los días previos al encuentro no se hablaba de otra cosa que de Alfredo Di Stéfano, que en el fondo, era el principal responsable de la enorme expectación generada. Y la verdad es que las categoría del astro argentino no se hizo esperar, pues a los 17 minutos, marcaba un gol nunca visto por estas latitudes, rematando con la espuela y en un escorzo acrobático, para batir al sorprendido Saso. Aquella foto dio la vuelta al mundo y fue portada de un montón de periódicos, y las gradas de «Zorrilla» no pudieron evitar un ¡Oh! de asombro.

Aunque no era muy habitual entonces, el Pucela se concentró en Palencia para aislarse de la expectación previa a la visita del Real Madrid. Aquí vemos a los jugadores posando delante del autocar, cuando regresaban a Valladolid
Aunque no era muy habitual entonces, el Pucela se concentró en Palencia para aislarse de la expectación previa a la visita del Real Madrid. Aquí vemos a los jugadores posando delante del autocar, cuando regresaban a Valladolid

El Madrid, en el que también era novedad el ex – blanquivioleta Lesmes II, aprovechó el desconcierto local para asestar un segundo mazazo, con el tanto de Joseíto, que parecía allanar el camino del triunfo a los visitantes. Rabadán abrió un pequeño margen de esperanza con un gol para el Pucela, pero enseguida se cerró con el tercero de los madridistas, obra de Atienza, antes de acabar la primera parte.

Resignada ante la superioridad rival, la afición vallisoletana no podía imaginar lo que su equipo iba a ser capaz de hacer en el tramo final del encuentro, ya que a falta de un cuarto de hora, el Pucela perdía por 1-3 y el líder no sufría para mantener su ventaja. Pero de pronto se desencadenó un inesperado y terrible vendaval blanquivioleta que asoló literalmente el área visitante.

A los 75 minutos, Lolo batía de cabeza a Pazos levantando los alicaídos ánimos de la parroquia local y, cuando aún no habían cesado los aplausos para el gol de cabeza del delantero vallisoletano, Rabadán volvía a hacer diana en el portal madridista estableciendo un impensable empate a tres, que enloqueció de alegría a los seguidores blanquivioletas. Lo mejor, sin embargo, estaba aún por llegar.

Aquel Valladolid desatado no solo no se conformaba con la igualada, sino que puso cerco al área blanca, o azul para ser más exactos, ya que el Madrid vistió de ese color, y al filo del minuto 80, el milagro se hizo realidad con el gol de Morro, que rubricaba la hasta entonces gesta más portentosa del Pucela en primera división. Los aficionados forasteros no daban crédito a la afrenta sufrida por el imbatible equipo de Di Stéfano, mientras que los hinchas locales prolongaron su éxtasis durante horas, días y hasta semanas.

El waterloo madridista en Zorrilla tuvo consecuencias, ya que el meta Pazos, a quien se consideró principal responsable de la catástrofe, fue traspasado al Hércules al final de temporada, cuando ya la lógica del fútbol se había terminando imponiendo, pues el Real Madrid se alzó con el título con cuatro puntos de ventaja sobre el Barcelona y la Saeta Rubia fue el máximo goleador del Campeonato con 29 goles, seis más que Kubala. El Valladolid, duodécimo, sufrió para mantener la categoría, aunque a los hinchas no les importaron los apuros finales, recurriendo a aquella frase con la que se consolaban los pobres: ¡Que nos quiten lo bailao!