Fútbol | Primera División

Una jugada inacabada tumbó el muro del Real Valladolid

Masip atrapa con una mano el remate de Messi tras el rechace del penalti que le detuvo el meta catalán. / Albert Gea-Reuters

El entramado tejido por Sergio González para el Barça funcionó, pero un error provocó el penalti sobre Piqué que marcó Messi

J. A. Pardal
J. A. PARDALBarcelona

Se agotan los calificativos para definir la fe de este Real Valladolid y la capacidad de su entrenador, Sergio González, para introducir algunas variantes tácticas en el equipo y hacer creer a sus jugadores a pies juntillas en ellas. Sea cuál sea el rival y se juegue dónde se juegue ese partido.

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Lo impresionante no es solo eso, sino que este equipo suyo ha sido capaz de salir a jugar frente a los equipos grandes sin ningún complejo y, como ayer en el Camp Nou, en todos esos choques ha estado cerca de puntuar. En el Santiago Bernabéu Toni Villa y Rubén Alcaraz hicieron temblar a Courtois;en Zorrilla, el Atlético de Madrid tuvo que hacer tres tantos para ganar y ayer el FC Barcelona se vio obligado a emplearse a fondo en defensa y en ataque para conseguir doblegar a un equipo que cree tanto en sí mismo que no le tiembla el paso ante la figura de Messi, ni ante la de nadie.

1 FC Barcelona

Ter Stegen; Sergi Roberto, Gerard Piqué, Thomas Vermaelen, Jordi Alba; Busquets, Aleñá (Rakitic, min.76), Arturo Vidal; Dembélé (Coutinho, min.70), Prince Boateng (Luis Suárez, min.60) y Messi.

0 Real Valladolid

Masip; Antoñito, Joaquín, Kiko Olivas, Calero, Nacho; Anuar, Míchel, Verde (Toni Villa, min.66; Plaza, min.76); Enes Ünal (Keko Gontan, min.78) y Sergi Guardiola.

goles:
1-0, min.43: Messi, de penalti.
árbitro:
Martínez Munuera (Comité Valenciano). Amonsetó a Messi (min.67), por parte del Barcelona; Enes Ünal (min.11), Anuar (min.34) y Míchel (min.70), por el Valladolid.
INCIDENCIAS:
Partido de la vigésima cuarta jornada de LaLiga Santander disputado en el Camp Nou ante 67.435 espectadores.

En el partido ante el líder, Sergio jugó por primera vez este año con cinco defensas y dos delanteros, y la moneda estuvo cerca de caer de cara; especialmente en la primera parte. El Real Valladolid cuajó un muy buen arranque ante un FC Barcelona que no reservó a ningún jugador pese a los compromisos de Liga de Campeones y Copa del Rey que se le vienen encima en los próximos días.

El técnico catalán apostó por primera vez por poblar las líneas de ataque y de defensa para ahogar la creación blaugrana desde el inicio, y lo consiguió. Las tres líneas de futbolistas que se interponían entre Piqué y Masip (compuestas por cinco, dos y tres hombres, respectivamente) hacían que el juego del Barcelona no tuviese continuidad y, cuando la tenía, los muy seguros Kiko Olivas, Calero o Joaquín –que ayer brilló especialmente– eran capaces de salir con éxito a tapar los balones entrelíneas filtrados por Messi o por un hiperactivo Dembélé, el más peligroso de los suyos en los primeros 45 minutos.

Además, lejos de desesperarse por no tener el balón durante muchos minutos, el Real Valladolid era capaz de salir a la contra con aviesas intenciones, pero los nervios le traicionaron. Sergi Guardiola fue el más incisivo, logrando acabar varias jugadas, aunque adoleció de precisión en el ultimo golpeo. En ocasiones demostrando ansiedad por encontrar portería y en otras porque los defensores del Barça eran capaces de interponerse entre él y su objetivo, especialmente Piqué, el auténtico dique de los locales.

Precisamente, un error en una de esas contras sería finalmente lo que condenase al Pucela y le impidiera puntuar, pese a su gran desempeño en el coso blaugrana. Pasado el minuto cuarenta, el equipo no fue capaz de culminar con acierto una gran contra y en la respuesta azulgrana, con medio equipo pucelano volcado en el área rival, Míchel agarró levemente por el hombro a Piqué en el área,en una acción que Martínez Munuera consideró punible pese a que en directo, y en las repeticiones, es dudosa la contundencia de ese agarrón sobre el central internacional.

Leo Messi no perdonó desde los once metros, soltando un duro disparo a media altura sobre el palo derecho de Masip que el meta catalán no pudo repeler pese a que realizó una buena estirada.

Aún así, el Pucela pudo encontrar premio al trabajo desempeñado antes del descanso, pero el propio Piqué lo impidió, despejando con la tibia un gran servicio de Nacho sobre la testa de Ünal, que entraba desde atrás.

En la segunda parte, más de lo mismo; para lo bueno y para lo malo. El FC Barcelona salió con intención de matar el partido y el Real Valladolid a esperar y buscar sus opciones de salir a la contra, pero al contrario que en la primera mitad solo disfrutó de un par de ocasiones, y ninguna fue clara.

En la primera, Verde se encontró con la cabeza de Piqué en un latigazo desde fuera del área y, acto seguido, un centro suyo no encontró rematador pese a que se paseó peligrosamente por el área pequeña de Ter Stegen.

Para entonces había empezado otro festival, y no era el de fútbol del Barça (cosa que no ocurrió en todo el encuentro), ni el de Messi (muy bien presionado durante todo el partido cada vez que tenía la pelota). Era el momento de Jordi Masip, que cercenó con sendos paradones los sueños del astro argentino y de su compañero Suárez de poner el número dos en el marcador.

Pese a la tozuda intención del portero catalán de mantener a los suyos en el partido –que terminaría por consagrar en los últimos minutos parando un nuevo penalti a Messi, esta vez por una falta dentro del área muy clara cometida por Kiko Olivas sobre Coutinho– fue una desgracia lo que sacó del choque tanto a él como a sus compañeros.

En el minuto 66 Sergio dio entrada a Toni Villa en sustitución de Daniele Verde para intentar revitalizar el frente de ataque e insuflar al equipo el oxígeno que el italiano ya no tenía. La comparecencia en el campo del murciano fue casi testimonial puesto que no duró en él ni siquiera diez minutos después de una mala caída tras la que se quejó de dolor en su rodilla (Sergio confirmó después en rueda de prensa que el jugador podría tener afectado el ligamento interno).

Esa circunstancia terminó por desconectar al Pucela del choque y las entradas casi consecutivas de Stiven Plaza y Keko Gontán al campo ya no devolvieron al conjunto el vigor del que había disfrutado durante muchos minutos del encuentro.

El Real Valladolid cayó en el Camp Nou como lo hizo del Bernabéu, con la cabeza muy alta y con la sensación de que de seguir así algún día dará la campanada en un estadio de los que parecen inexpugnables. Hoy sus seguidores, pese a la derrota, tienen un motivo más para sentirse orgullosos del equipo. Ahora toca volver a pensar en puntuar para acercar al equipo al objetivo de la permanencia lo antes posible. Ningún partido está perdido de antemano para este conjunto.