Justicia y Legalidad

Valverde, junto al delegado azulgrana, se dispone a hacer un cambio de jugador. /Marta Pérez-Efe
Valverde, junto al delegado azulgrana, se dispone a hacer un cambio de jugador. / Marta Pérez-Efe
Miguel Ángel Pindado
MIGUEL ÁNGEL PINDADOValladolid

Apenas una brevísima nota tuvo en los medios nacionales la eliminación del Real Valladolid de la Copa del Rey a manos de un Getafe lanzado y con un estrambótico penalti señalado desde Las Rozas que hubiera dado para volver a reeditar las bondades y defectos de un VAR que ha demostrado tanto su enorme eficacia técnica como su arbitrariedad interpretativa y su total ausencia de un protocolo mínimo más allá del «Ok, ok, sigue, sigue» o «aguanta, aguanta...». Y es que el todopoderoso FC Barcelona cometió una infracción muy grave a alinear a Chumi, un canterano del equipo de Segunda B, que estaba sancionado, en el partido de ida copero ante el Levante. Los octavos de final se redujeron a la posibilidad de sanción para el conjunto azulgrana. Desde el club catalán se intentó ofrecer la versión de la interpretación confusa del reglamento, pero salvo los acólitos azulgranas, el resto del mundo concluyó unánimemente que la infracción se había cometido y que el argumento culé se caía con solo atender al propio reglamento federativo.

Y al contrario, los culés no encontraban absolutamente ninguna interpretación confusa en cuanto a los plazos legales para atender a la reclamación, mientras el resto intentaba buscar tres pies al gato y algún resquicio donde se pudiesen subsanar esas 48 horas que dicta la ley del fútbol para alegar las infracciones del rival y resolver el conflicto antes del partido de vuelta. Incluso hubo quien denostó al equipo jurídico del Levante por no darse cuenta antes del fiasco azulgrana, que es como pensar que el Barcelona le alineó a sabiendas. La cuestión se ha resuelto, por ahora, por obra de la legalidad a la que todos los clubes se someten, pero no es menos cierto que el FCBarcelona cometió una infracción muy grave y ha quedado sin castigo y ello evidencia que la justicia ha brillado por su ausencia. Y eso, que solo suele ocurrir con los poderosos, no es bueno para nadie, ni siquiera para el fútbol.

 

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