El letal contragolpe del Real Valladolid en Mendizorroza

Un triplete de Rusky en la temporada 1979-80 lideró la manita de los blanquivioletas a los vitorianos

Acompañado de Ramón Martínez, director deportivo del Valladolid, Eusebio Ríos saluda a sus nuevos pupilos al comienzo de la pretemporada 1979-80, que culminaría con el ascenso a Primera división. En la imagen puede verse a Conde, Santos, Borja, Moré y Jacquet./
Acompañado de Ramón Martínez, director deportivo del Valladolid, Eusebio Ríos saluda a sus nuevos pupilos al comienzo de la pretemporada 1979-80, que culminaría con el ascenso a Primera división. En la imagen puede verse a Conde, Santos, Borja, Moré y Jacquet.
JOSÉ MIGUEL ORTEGAValladolid

16 de septiembre de 1979. Era la tercera jornada de Liga de una temporada triunfal, en la que el Real Valladolid regresaría a Primera después de una larga travesía de quince años en segunda y uno en tercera división.

Los blanquivioletas, que habían perdido en Granada por (3-0), ganando después al Celta (2-0) en Zorrilla, viajaron a Vitoria para enfrentarse a un Alavés muy reforzado, que se encontró pronto con un gol en contra gracias a un certero remate de Gail. Pudo Maqueda haber equilibrado el marcador, pero falló un penalti que terminó de resquebrajar el ánimo de los pupilos de Koldo Aguirre.

No obstante, la afición de Mendizorroza siguió animando a los suyos, con la esperanza de que en la segunda mitad cambiaran las cosas, y lo hicieron, pero a peor. Eusebio Ríos le ganó a su colega el duelo de los banquillos y el Pucela barrió del campo al Alavés, gracias a un contragolpe mortal, velocísimo y certero, con un protagonista especialmente inspirado, Rusky, el delantero blanquivioleta que marcó el primer triplete de su carrera.

Rusky ha sido uno de los grandes goleadores blanquivioletas. Pese a no ser muy alto, su capacidad de salto le permitía realizar remates como el de la foto, espectaculares y certeros.
Rusky ha sido uno de los grandes goleadores blanquivioletas. Pese a no ser muy alto, su capacidad de salto le permitía realizar remates como el de la foto, espectaculares y certeros.

Los tres goles de Rusky, y uno de Andrés Ramírez, todos en la segunda mitad, convirtieron las gradas del legendario estadio vitoriano en un auténtico funeral. El Alavés, desesperado por la marcha del marcador, desencadenó una ofensiva suicida que no hizo sino facilitar las contras vallisoletanas para cerrar la histórica manita, que era un preludio de lo mucho y bueno que el equipo iba a aportar en aquella inolvidable temporada 1979-80, cuyo colofón fue el ascenso.

La alineación que Eusebio Ríos dispuso aquella tarde fue: Bebic; Laguna, López, Gratacós, Sánchez Valles; Gail, Moré, Jorge; Chuchi García, Rusky y Andrés Ramírez. A los 57 minutos, Conde reemplazó a Jorge y a los 75, Zoran Vekic a Cuchi García.

La prensa vallisoletana destacó, claro, a Rusky por su eficacia rematadora y también el trabajo de Gail y la seguridad bajo los palos del yugoslavo Bebic.

Como queda dicho, aquel fue el primer triplete de la brillante carrera deportiva del badalonés Antonio García, conocido como Rusky en los ámbitos futbolísticos, pero no el único, ya que dos años después, el 8 de diciembre de 1981, marcó otros tres goles al Martos, en partido de la Copa del Rey que se saldó con victoria vallisoletana por 6-1 en el viejo campo de Zorrilla, abarrotado con casi 22.000 espectadores, gracias a una hábil estrategia del presidente Gonzalo Alonso, con la complicidad de las emisoras de radio, entre ellas 'La Voz de Valladolid', donde yo trabajaba entonces, que en la subasta del balón del partido copero, se alcanzó la asombrosa cifra de 275.000 pesetas.

Dotado de un instinto goleador extraordinario, Rusky suplía su falta de centímetros con un salto potente y un portentoso sentido de la anticipación, lo que le convirtió en un referente goleador durante las siete temporadas en las que vistió la camiseta del Valladolid. En Segunda división, disputó 130 partidos y marcó 50 goles, mientras que en primera intervino en 59 encuentros ligueros con 18 tantos en su haber. En la competición copera jugó 40 partidos en los que marcó 25 goles.

Llegó, junto a Moré, en la temporada 1976-77, procedentes ambos de la cantera azulgrana para convertirse en jugadores fundamentales en el Real Valladolid e ídolos indiscutibles de la afición, que siempre supo valorar su calidad y entrega a los colores blanquivioletas. Y tanto uno como otro echaron raíces a orillas del Pisuerga y aquí siguen viviendo, más de cuarenta años después de su llegada.

Pero volviendo al principio de esta evocación de la goleada al Alavés en Mendizorroza, digamos que la alegría del deporte vallisoletano se redondeó aquel día con otro triunfo importante en el baloncesto, ya que el Valladolid Miñón de Cabrera, Davis y compañía, le ganó al Baskonia por 91-90 el Trofeo 'Virgen del Val', disputado en Alcalá de Henares.

El Rusky de la canasta en aquel partido fue el base Arturo Seara, que hizo 23 puntos y fue pieza clave de la victoria sobre el conjunto alavés, y como ha ocurrido con el futbolista catalán, el base gallego también echó raíces en Valladolid, donde ejerce su profesión de médico.