La leucemia gana el partido a Nayara Domínguez

Nayara, en el estadio Zorrilla el pasado 20 de enro, con su bufanda y Zorrillo. /A. Mingueza
Nayara, en el estadio Zorrilla el pasado 20 de enro, con su bufanda y Zorrillo. / A. Mingueza

La niña de 10 años, aficionada del Real Valladolid y el Rayo, falleció el pasado día 15 en Alcalá de Henares

IRENE RUIZValladolid

Creencia, fe e insistencia, así fue la lucha de Nayara Domínguez, con diez años, por superar una leucemia, linfoma no Hodgkin, que finalmente terminó ganando la partida. La niña de Alcalá de Henares viajó el pasado 20 de enero a Valladolid para presenciar y disfrutar, junto a su familia y resto de miembros de la asociación ‘Uno entre cien mil’, del encuentro entre el Real Valladolid y el Sevilla Atlético. Sin duda fue una jornada divertida y feliz para Nayara.

El club blanquivioleta donó la taquilla del partido a dicha asociación así como todo el cariño de la afición blanquivioleta. Pero esta vez no fue suficiente. A pesar de que el tratamiento estaba funcionando bien, al igual que la quimioterapia de segunda línea, las células cancerígenas se multiplicaron y no pudieron controlarse. Este domingo, en el partido del Rayo Vallecano Femenino, donde juega su prima Laura, se guardó un minuto de silencio por Nayara, pese a la negativa incomprensible del árbitro.

Desde el pasado 15 de marzo su familia lucha ahora por, en palabras de su progenitor, José Miguel Domínguez, «volver a empezar una nueva vida» y recuerda que hay que continuar «luchando e investigando contra la leucemia infantil y el cáncer en general». Esa es una lucha que mantendrá la memoria de Nayara y de otros muchos niños, y que a buen seguro logrará salvar a muchísimos otros enfermos afectados.

El cáncer es un partido eterno, sin cronos ni descansos a los 45 minutos para luchar por ese gol que termine, en este caso, con la leucemia infantil. Nayara fue diagnosticada de un linfoma no Hodgkin en septiembre de 2016, tras meses de tratamiento, en verano los médicos informaron a la familia que lo había superado. Un año después, en septiembre de 2017, reapareció, volvieron a poner el marcador a cero, pero seis meses después el linfoma se volvió incontrolable.

Se apagó la sonrisa y la vitalidad de Nayara, pero no la lucha de sus familiares por volver a la vida y luchar contra el cáncer que, en muchas ocasiones, no tiene cura, pero que con el apoyo y el cariño de todos también se puede vencer.

 

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