Fútbol | Primera División

Al Real Valladolid no le ha traído nada bueno la llegada del VAR

Undiano Mallenco, rodeado de jugadores del Real Valladolid que le protestan una de sus decisiones/G. Villamil
Undiano Mallenco, rodeado de jugadores del Real Valladolid que le protestan una de sus decisiones / G. Villamil

Ya se por la acción o la omisión del videoarbitraje en varias jugadas, el equipo pucelano no ha recibido aún ninguna buena noticia desde La Ciudad del Fútbol de Las Rozas

J. A. Pardal
J. A. PARDALValladolid

El videoarbitraje ha entrado en España como un elefante en una cacharrería y se encuentra muy lejos de los niveles de aceptación que cosechó su más que correcta aplicación durante el Mundial de Rusia.

Está claro que la intención de la Federación a la hora de implantar el sistema VAR fue la de conseguir minimizar los errores de los colegiados y lograr así un fútbol más justo, pero las voces críticas con su protocolo de aplicación no dejan de escucharse, pese a que ya se han disputado 16 jornadas de liga con el sistema de revisión de las jugadas en directo funcionando a pleno rendimiento desde La Ciudad del Fútbol de Las Rozas.

Sin duda, el Real Valladolid es uno de los equipos que más está sufriendo en su carnes los rigores del nuevo apoyo arbitral a distancia. Levantan ampollas en la ciudad del Pisuerga hasta seis decisiones de los colegiados auxiliados por sus compañeros; tres de ellas porque la aplicación del sistema ha servido para rectificar un error del colegiado y de paso castigar al equipo pucelano y otras tantas porque el VAR no ha conminado a su compañero a revisar jugadas similares de las que podría sacar algún beneficio el Pucela.

En el último de los partidos disputados por el equipo blanquivioleta, frente al Atlético de Madrid, escoció especialmente la distinta forma de aplicar el protocolo utilizada por Undiano Mallenco.

En el disparo de Griezmann que chocó con el brazo de Kiko Olivas el colegiado terminó yendo al monitor a pie de campo para determinar que había existido penalti (pese a que en principio lo vio en directo y dejó seguir la jugada). Minutos después, en una jugada similar en la que la pelota rozó el brazo de Arias, no solo no sopló el silbato mientras señalaba el círculo de cal en el área, sino que ni siquiera se acercó a la banda para consultar la pantalla que le sirve para revisar la jugada.

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Hay que recordar que con la regulación actual el árbitro de campo solo puede acudir a la pantalla en el caso de que desde Las Rozas se considere que ha cometido un error claro y manifiesto a la hora de interpretar una jugada (el VAR solo entra en goles, penaltis, rojas directas o confusiones de identidad), así que las críticas no solo arrecian ahora contra el trencilla navarro, sino que también lo hacen contra Pablo González Fuertes, encargado ayer de auxiliarle desde la sala de videoarbitraje.

Todo apunta a que este último consideró como un fallo de su compañero la primera de las jugadas dudosas, pero no la segunda, pese a que para los jugadores del Real Valladolid era claramente pena máxima, algo que no ocurrió en la primera acción punible con sus compañeros atléticos, que continuaron jugando como si nada hubiese ocurrido.

La sensación de desamparo ha crecido así en Valladolid no solo por este encuentro, sino porque estas dos acciones, con aplicaciones diferentes de protocolo, se suman a otros ejemplos similares sucedidos en los choques frente a Celta, Villarreal y Huesca.

Ante el primero de esos equipos el VAR no actuó en dos jugadas muy polémicas y ante los dos restantes castigó al equipo blanquivioleta, al que jamás ha beneficiado a la hora de aplicar justicia corrigiendo algún error de apreciación del colegiado.

Las primeras, en Vigo

El primer encontronazo del equipo de Sergio con la tecnología recién implantada llegó en Balaídos, en la quinta jornada de LaLiga (antes ratificó la anulación del gol de Keko frente al Barça y que ante el Alavés el propio extremo madrileño no sufrió un penalti cuando cayó en el área, pero ambas decisiones ya habían sido señaladas por los trencillas a pie de campo). En la ciudad gallega Maxi Gómez consiguió el 2-0 tras acomodarse la pelota de forma poco ortodoxa ayudado por su antebrazo, aunque en las repeticiones es muy difícil ver si con ello cometió falta. Después, ya en la segunda parte, de nuevo Olivas sufrió un agarrón en el área en un balón. La acción podría haber constituido penalti pero de nuevo, como en el gol de Maxi, el VAR no conminó a Prieto Iglesias a revisar las jugadas.

Dos semanas después, y con Kiko Olivas de nuevo como protagonista, el monitor de La Cerámica sirvió para que Iglesias Villanueva, a instancias de su compañero en Madrid, pitase un penalti por manos del jugador de Antequera. Era pena máxima, pero el árbitro de campo no la había visto. Tanto en Vigo como en Villarreal el Real Valladolid fue capaz de anular el daño infligido por el VAR, puesto que de la primera plaza salió con un empate a tres goles y de la segunda lo hizo victorioso, gracias al gol de Leo Suárez en la primera parte y a que Jordi Masip detuvo el penalti a Gerard Moreno.

Tan solo una jornada después, ya en la jornada 8 del calendario, la tecnología volvió a ajusticiar a los vallisoletanos, en esta ocasión frente al Huesca. El VAR remendó un tremendo error del árbitro asistente de Mateu Lahoz, que no levantó el banderín en un clarísimo fuera de juego de Nacho en el arranque de una jugada que acabó en gol de Leo Suárez. Fue, de nuevo, una decisión justa, pero lo que molesta entre el club y la afición no es que se le aplique con rigor el reglamento, al que todos los equipos deben ceñirse, sino que no se revisen las jugadas igual cuando la acción golpea al Real Valladolid que en los momentos en los que afecta a sus rivales.

De cara al partido del sábado en Bilbao, en Valladolid no se quiere ni oír hablar del VAR. Su aplicación en San Mamés ya ha levantado sospechas.