Luchar contra los elementos

El autor carga contra el estamento arbitral a raíz del inexistente penalti decretado por el colegiado Alberola Rojas en el Real Valladolid-Getafe

Arberola Rojas se diriga al punto de penalti en el partido de Copa del pasado martes ante el Getafe. /A. Mingueza
Arberola Rojas se diriga al punto de penalti en el partido de Copa del pasado martes ante el Getafe. / A. Mingueza
JESÚS MORENOValladolid

Poco más de siete horas le duró la pantomima al presidente del Comité Técnico de Árbitros, las que van desde que el pasado martes por la mañana iniciara esa rueda de prensa en la que -con una pretendida apariencia de transparencia y sinceridad- mostró una serie de vídeos en los que el árbitro de campo y su colega de vídeo intercambian impresiones sobre las acciones polémicas como los compadres que ven un partido rodeados de latas de bebida y bolsas de patatas fritas -uno no espera de un trencilla la técnica jurídica de Francisco de Vitoria, Díez Picazo o García de Enterría, pero tampoco que ventile la apreciación de la jugada con un puñado de monosílabos soltados a voleo como el que esparce trigo-; y la jugada del no penalti cometido en Zorrilla, señalado por el árbitro tras ser avisado por el VAR y que terminó por echar por tierra toda la comparecencia, plena de pomposidad y vacía de autocrítica, que aquella misma mañana había dado Carlos Velasco Carballo.

Todas las explicaciones que dio el presidente del Comité Técnico de Árbitros, su esfuerzo en demostrar que aquellas decisiones que toma un árbitro a lo largo de un partido contienen lealtad y justicia al juego y al reglamento cayeron en saco roto, sonaron a huecas, envejecieron demasiado pronto y demasiado mal, desde el mismo momento en el que el colegiado que dirigía el partido de Copa entre el Real Valladolid y el Getafe dibujó un cuadrado en el aire que recordó al de Uma Thurman en 'Pulp Fiction', para después señalar el punto de penalti y castigar una infracción que cualquiera pudo ver que no había existido. En ese preciso instante, como quien despierta de un sueño para darse de bruces con la realidad, el Pucela, directivos, cuerpo técnico, jugadores, prensa y aficionados volvieron a descubrir la farsa en la que se está convirtiendo el arbitraje español hoy en día y el manoseo al que se somete cada semana y sin unificación de doctrina una herramienta como la de la asistencia de vídeo.

A ese Real Valladolid que, a veces con más virtuosismo, a veces con menos vistosidad, se ha agarrado con uñas y dientes a la permanencia en Primera División; a ese Real Valladolid que lo único que no negocia es su propio esfuerzo, le recuerdan cada partido que tendrá que triunfar donde otros cayeron antes que él. En la lucha contra los elementos.

 

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