Madrid también vibra con el pucela

Medio centenar de hinchas del Real Valladolid festejan el ascenso en la capital de España

La colonia blanquivioleta, feliz con el ascenso
JUAN ÁNGEL MÉNDEZ

Valladolid latió en Madrid. En plena Gran Vía, donde los turistas convierten a la capital de España en un hervidero de nacionalidades, el Real Valladolid contó con una grada muy especial, los blanquivioletas en el exilio, los hinchas que no pudieron acudir a Zorrilla para festejar el ascenso, pero que juntaron su energía para empujar a su equipo hacia el paraíso.

El escenario no podía tener otro nombre, Cervecería Deportiva. La convocatoria brotó de la peña de los Pucelanos en Madrid y medio centenar de hinchas vallisoletanos acudieron a la llamada para vibrar y disfrutar de la historia escrita en blanco y violeta. Aplaudieron y vibraron, sufrieron desde la tranquilidad que otorga el 0-3 de la ida pero, sobre todo, sintieron los colores. Y en la distancia, la identidad siempre cuenta con un plus de sentimiento de pertenencia, lo que convirtió al improvisado Zorrilla madrileño en una fiesta infinita.

Da igual que no seas de Valladolid, como Virginia Bombo, embarazada, por cierto, y con su próximo descendiente ya vestido de blanco y violeta. Ella y sus compañeros de mesa, Rocío Díaz, Jaime Nielfa, Luis Hijarrubia y Jesús Velasco, prometieron bañarse en La Cibeles si el cuadro castellano certificaba el ascenso. Cuando lea esta crónica los protagonistas de esta microhistoria habrán sumergido su pasión albivioleta en la diosa que preside el infinito legado madridista.

Madrid vistió de blanquivioleta por un día. La batalla arrancó con paciencia, pero el descuento de minutos hacia la gloria elevó la pasión hasta que se desató la euforia y la capital de España, al menos el reducto castellano en pleno corazón de la urbe, bañó en cerveza el histórico ascenso pucelano. Da igual que no seas de Valladolid. Ni tampoco español. Como Nina Patosalmi, la nórdica pareja de Óliver Cojo, residentes ambos en Madrid y blanquivioletas de corazón. Los padres del novio, Javier Cojo y Ana Isabel Manuel, viven en la ciudad castellana, pero quisieron viajar hasta la Gran Vía para celebrar el ascenso. Sentimiento pucelano.

Los primeros en llegar fueron Laura Ampudia, nacida en Madrid pero de ascendencia vallisoletana; Jesús Lobato, pareja de Laura, y Mónica Valle, nacida en La Rondilla y residente en Móstoles. Corazón blanquivioleta a pleno rendimiento. Las dimensiones de la cervecería agolparon los sentimientos y unieron la fe por el ascenso, que tuvo su punto culminante cuando el colegiado señaló el camino de vestuarios.

Presumir de ascenso

Madrid es uno de los espacios universitarios donde mayor cupo de emigrantes vallisoletanos existe y el ascenso reunió también a los estudiantes que no pudieron viajar a su ciudad y decidieron acudir a la llamada de su equipo, al festejo por el ascenso que todo pucelano busca aunque esté en las antípodas. La capital de España, por suerte, está a la vuelta de una hora en Ave, pero las entradas no llegaron para todos, lo que permitió que la Deportiva vistiera de blanco y violeta por unas horas.

Alberto González, María Gago, Javier Prieto y Raquel Blanco llevan más de cuatro años en Madrid pero no pueden pasar por alto un ascenso de su equipo. Su promesa, irse de cañas. Es posible que a la hora que usted lea estas líneas estén presumiendo de ascenso, ya de día. Son la extensión albivioleta en Madrid, los fieles que también gozan con la machada de un equipo que estaba en coma y al que Sergio ha despertado en pleno corredor de la muerte. Al fondo del bar, con la elástica blanquivioleta, Antonio de la Iglesia lo celebra en solitario. Los colores le delatan, lleva ocho años en Madrid y reconoce que el ascenso es algo con lo que soñaba desde hace años. En Madrid, Valladolid también es de Primera. Bienvenidos a la Liga de las Estrellas. «Es de Primera, Pucela es de Primera». Así acabó la historia, con las bufandas al aire y el billete para Primera en cada bolsillo.

 

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