Una 'manita' del Getafe al Real Valladolid provocó el despido de Gerardo Coque

Santiago Gallego recurrió a un hombre de la casa, Héctor Martín, para sustituirle

Gerardo Coque, a la izquierda, en su época de entrenador, junto a Lozano, antiguo compañero en su etapa en el Atlético de Madrid/ARCHIVO J. M. O.
Gerardo Coque, a la izquierda, en su época de entrenador, junto a Lozano, antiguo compañero en su etapa en el Atlético de Madrid / ARCHIVO J. M. O.
JOSÉ MIGUEL ORTEGA

Aquella temporada 1970-71 fue un calvario para el equipo, en su difícil travesía por la Tercera División; para los aficionados, que sufrieron hasta el último partido para conseguir el ascenso, y para los periodistas, con muchos problemas y anécdotas como para llenar un libro.

Uno de los episodios más decepcionantes tuvo lugar la mañana del 6 de diciembre de 1970, en el desaparecido campo de Las Margaritas, de la localidad madrileña de Getafe, que era de tierra pese a haber sido inaugurado solo tres meses antes, en plena euforia de la afición getafense porque su equipo, que con el nombre de Getafe Kelvinator, había ascendido a Tercera División, después de unos cuantos años en categoría Regional.

El Real Valladolid era un erial tras el doloroso e incomprensible descenso a Tercera, sin dinero, sin respaldo popular y con una plantilla de jóvenes inexpertos que mayoritariamente procedían del Europa Delicias. Santiago Gallego, compañero de información deportiva en Radio Valladolid, tuvo la osadía de presentarse a las elecciones de la presidencia del club con más ilusión que argumentos para recuperar cuanto antes el sitio perdido en la categoría de plata.

Héctor Martín 'Torini' sustituyó a Coque, tras la 'manita' del Getafe.
Héctor Martín 'Torini' sustituyó a Coque, tras la 'manita' del Getafe. / ARCHIVO J. M. O.

En realidad, nadie sabía qué podría salir del cóctel de veteranos como Lizarralde, Astrain o Gatell, con los jóvenes Lorenzo, Cardeñosa, Juan Docal y Álvarez, y los refuerzos de Heredia, De Diego, Pérez García y Fede, con Coque en el banquillo de un equipo encuadrado en el Grupo II, donde también estaban fuertes rivales como Tenerife, Osasuna y Salamanca.

El Getafe no parecía representar un peligro, pues era un equipo modesto, recién ascendido y compuesto por jugadores semi-aficionados, que tenían que vivir de otros trabajos ajenos al fútbol. Tal vez por eso, en aquel desplazamiento se había creado un ambiente de confianza, una especie de complejo de superioridad como lo demostraba el hecho de que, tras la cena, Gerardo Coque decidió abandonar el hotel de concentración para hacer una visita a los viejos conocidos de su época de jugador del Atlético de Madrid, en Pasapoga, la célebre sala de fiestas de la Gran Vía.

A esa excursión más o menos furtiva, le acompañamos los periodistas que habitualmente cubríamos la información del Pucela en los desplazamientos, y pudimos darnos cuenta de que pese al tiempo transcurrido, Coque seguía siendo una celebridad en aquellos ambientes de la noche madrileña.

Hacia las dos de la madrugada regresamos al hotel porque el partido contra el Geta estaba fijado para las once y media de la mañana y, como muy tarde, deberíamos estar a las diez en Las Margaritas, el equipo para hacer el calentamiento y nosotros para saber dónde teníamos instaladas las líneas microfónicas para la retransmisión.

La cosa empezó bien para los intereses vallisoletanos, pues Álvarez abrió el marcador a los 33 minutos, aunque solo dos minutos después empató el Getafe, apagando la euforia de Coque y sus muchachos, que vieron como después apareció Chaves, joven delantero cedido por el Real Madrid, para erigirse en pesadilla de la zaga vallisoletana y marcar dos goles antes del descanso. En el segundo tiempo, Sedano redujo diferencias, pero los madrileños, espoleados por su público, redondearon una histórica victoria por 5-2, que trajo inmediatas consecuencias para el entrenador vallisoletano.

En el viaje de regreso, Santiago Gallego decidió el cese de Gerardo Coque y colocar en su lugar a un hombre de la casa, Héctor Martín, entre otras razones porque no había 'posibles' para fichar a un técnico de más renombre. Decisión acertada la del presidente, ya que Torini fue capaz de enderezar el rumbo gracias a la clase de Lorenzo y Cardeñosa y a los goles de Álvarez y Lizarralde, sin olvidar la fortuna de que nuestro grupo era el único de los cuatro de Tercera en el que, además del campeón, el Tenerife, subía también el segundo clasificado, el Real Valladolid.

Final feliz, pues, a una temporada de luces y sombras, con episodios como el vivido en Pasapoga el día, por cierto, en que debutaba en la sala Bambino, un cantaor de flamenco que había conseguido mucha fama con sus actuaciones en los mejores tablaos de Madrid, y con quien Coque estuvo departiendo un buen rato, hablando de Manolo Caracol, dueño de Los Canasteros y, cómo no, de Lola Flores. Horas después, la fiesta se convertiría en funeral para el que fuera genial futbolista vallisoletano, que vio truncada su prometedora carrera como entrenador por culpa de la 'manita' que nos endosó el entonces modesto equipo del Getafe, que logró la permanencia por los pelos.