¿Y si todo fuera miedo?

El autor del texto anima al vestuario a «resetear» para recuperar la confianza y empezar una liga de once jornadas

Joaquín presiona a Ceballos en el último partido ante el Real Madrid. /Villamil
Joaquín presiona a Ceballos en el último partido ante el Real Madrid. / Villamil
JESÚS MORENOValladolid

¿Y si todo fuera a causa del miedo? No me pondré a disertar, como el maestro Yoda, sobre el camino que uno recorre desde que se percibe el miedo hasta que se ve sumergido en el 'lado oscuro' o, si lo prefieren, se ve inmerso en ese otro reveso tenebroso, más mundano, alejado de aquella galaxia que ideó George Lucas, conocido como Segunda División, y que últimamente todos tenemos presente más por sensaciones que por realidades. Sin embargo, sí empiezo a pensar que aquel martillo inmisericorde del que hablaba Sergio hace meses, se ha tornado clavo entre otras muchas razones por ese miedo a fallar que es, jugarreta de la ironía, precisamente el combustible del que se alimentan los errores.

El goteo de lesionados -eliminados de la escena, poco a poco, como en una novela de Agatha Christie- que han reducido no solo el número de efectivos sino también la capacidad de dotar de alternativas al entrenador y de imaginación y poderío físico a la plantilla; el rival, que también juega, que dispone de más y mejores armas que los nuestros y no perdona cada vez que huele la sangre; el tino ajeno y el desacierto propio; el arbitraje… Al Real Valladolid le han abandonado todas las virtudes que le venían acompañando en su caminar por La Liga. Hasta esa Diosa Fortuna que se le aparecía en el primer tercio del campeonato como un ángel de la guarda para sostener al equipo cuando la caída parecía inevitable, se ha tornado como la más cruel de las desgracias en los últimos partidos. Todo ello ha provocado el colapso mental de aquel Real Valladolid valiente y de ideas claras. Ahora se dibuja como un grupo de futbolistas en blanco y negro, melancólicos, timoratos, temblorosos, agarrotados porque saben que si se equivocan, el adversario no lo hará. Si fallan, dirán adiós al partido. Si yerran, les tocará volver a cargar con la roca montaña arriba como Sísifo. Urge el reseteo mental al que se refería el entrenador hace unas semanas, espantar fantasmas y recobrar la confianza en todo lo que se hace desde el mismo momento en el que se salta al terreno de juego. El Real Valladolid, que ya de por sí es el equipo más débil del campeonato, no puede permitirse el lujo de poner en riesgo su propia existencia gastando las escasas fuerzas que le van quedando en pelear, además, contra sus propios miedos.