Miedo a no puntuar

Con ocho jornadas aún por delante, la cabeza empieza a jugar su papel, casi tan importante como el físico o el balón

Nacho, que vio la quinta tarjeta y será baja ante el Sevilla, se lamenta al final del partido. /Villamil
Nacho, que vio la quinta tarjeta y será baja ante el Sevilla, se lamenta al final del partido. / Villamil
Luis Miguel de Pablos
LUIS MIGUEL DE PABLOSValladolid

Nadie como Bilardo para hablar de equipos capaces de entrenar cualquier situación de juego con tal de sacar ventaja y poder puntuar. Le valía todo, desde preparar a los recogepelotas para arañar segundos al reloj hasta pinchar la pelota cuando pasara cerca de los banquillos. El argentino llegó a confesar, cierto o no, que sus equipos entrenaban hasta el himno para que a los jugadores se les pasara sus vidas por la cabeza antes del pitido inicial y salieran al mil por cien a morder a los rivales.

Cualquier cosa le servía si era para alcanzar el vestuario con los puntos en el zurrón. «Nadie se va a acordar mañana si has jugado como los ángeles», se desgañitaba, con los ojos inyectados en sangre, ante cualquiera que le rebatiera sus métodos. El Valladolid de la segunda parte en Butarque recordó tanto a los equipos del doctor como a los de Caparrós, el próximo en desfilar por Zorrilla.

Bien plantado en la primera parte, con un bloque ordenado y disciplinado que no solo mantuvo a raya los balones aéreos sino que incluso pudo adelantarse hasta por dos veces en dos remates de Sergi Guardiola, en la segunda las piernas se quedaron en la caseta y salió a jugar la cabeza. Precisamente la que va a tener casi tanta incidencia de ahora en adelante en las ocho jornadas que restan, con tanta información como va a tener que procesar el vestuario del Valladolid. Pese a no haber caído a zona de descenso, el miedo a no puntuar se pudo ver en las caras de los jugadores en la segunda parte, asfixiados por la propia responsabilidad que le había echado a la espalda los propios resultados de la jornada.

En el tramo final, el técnico y su equipo de trabajo van a tener que administrar también, además del once, el sistema a emplear y la respuesta física de cada uno de sus jugadores, sus reacciones a la presión a la que se empiezan a someter. El aspecto psicológico en jornadas en las que cerrará la carrera por la permanencia, caso de ésta, o en jornadas en las que tendrá que marcar el paso, caso de este fin de semana en el que Celta, Huesca y Villarreal jugarán después del Valladolid-Sevilla. Soportar la presión en partidos que cambian de signo cada tres minutos –como se ha podido ver en esta última jornada– jugará su papel en un esprint final en el que la valentía y el descaro puntuarán doble para los implicados en la lucha por esquivar el precipicio.

Entrenar también ese aspecto, que diría Bilardo, templará los nervios para no tener que esperar al enésimo golpe de azar en contra.