Mirada fija

El autor anima al Real Valladolid a mantener la línea marcada en la última jornada ante el Girona

Sergi Guardiola protege el balón ante el acoso de un contrario. /Villamil
Sergi Guardiola protege el balón ante el acoso de un contrario. / Villamil
JUAN ÁNGEL MÉNDEZValladolid

El cuadrilátero aguarda impaciente, la luz tenue. Mística y Silencio. Suspense. El único sonido, casi imperceptible, brota del leve zumbido de las cuerdas, que se balancean tímidamente, como si estuvieran esperando clientes. En los rincones, dos viejos taburetes desconchados que pronto tendrán unas posaderas inquietas haciendo tope antes de lanzarse a por el enemigo. En la trastienda, los púgiles mascullan su momento antes de encaramarse a la báscula. La tensión es un cuchillo y sus miradas, una bomba a punto de detonar. Ni un parpadeo, ni una sola distracción, llega la hora de buscar el centro del ring y agarrar el cinturón de la permanencia. Que las cuerdas se conformen con otra presa y la toalla bese la lona de la esquina opuesta. Cuatro asaltos para que el aspirante blanquivioleta estampe el guante en el mentón del descenso y abroche la velada con júbilo.

La mirada fija, los dientes prietos y las ideas claras. El Real Valladolid no debe despistarse en buscar dobleces ni trincheras sin parapeto. Su misión reside en clavar las zapatillas en el corazón del cuadrilátero e impedir que vuelvan versiones de púgil de barrio como la que cinceló durante la primera media hora de Vitoria, donde hizo un amago de lanzar el trapo al suelo antes de hora. Nada que ver con el espíritu indomable que tumbó al Girona. Es el camino, es la fe de un púgil que suplió sus carencias con un efecto molinillo que fabricó un KO de oro. Pero hay que seguir, el destino todavía no ha dicho amén. No hay rastro aún del puño enfocando su guante al cielo.

Un combate con cuatro capítulos que el conjunto castellano debe afrontar con la determinación de quien huye del miedo con paso firme, sin pensar en lo fría que está la lona para no caer en ansiedades prematuras. La guardia alta y nudillos de hormigón, las piernas agitadas. El primer episodio no se celebra en el Caesars Palace. Las Vegas quedan muy lejos. El fútbol de los valientes representa su función esta tarde en el Wanda. Tampoco es Tyson el adversario, sino un contrario con debilidades, y el título de Liga en el limbo, al que el Real Valladolid debe encarar sin complejos para no terminar grogui. Solo así hará una finta a la lógica.

El púgil blanquivioleta llega al combate con la confianza que otorga mirar al firme y ver a tus rivales en el sótano, pero también tiene que estar preparado para mantener el pulso hasta el desenlace y ser fuerte cuando encaje algún gancho. La velada no tiene pinta de terminar antes de que suene la campana. Cabeza fría y corazón encendido.