Fútbol | Primera División

El retoque táctico de Sergio que hizo que el Real Valladolid ganase en Anoeta

Nacho y Óscar Plano roban la pelota a Januzaj./Juan Herrero-EFE
Nacho y Óscar Plano roban la pelota a Januzaj. / Juan Herrero-EFE

El entrenador pucelano permutó las posiciones de Plano y Toni, lo que le dio mucho más empaque y verticalidad al equipo

J. A. Pardal
J. A. PARDALValladolid

Sergio González suele ser muy analítico tanto en sus ruedas de prensa de antes de los partidos como en las declaraciones que realiza una vez finalizados los encuentros. Las primeras de esas valoraciones son fruto del análisis táctico previo de sus rivales y siempre logra filtrar algunas de sus ideas entre sus respuestas, poniendo sobre el papel sus conclusiones antes de recibir o visitar a sus oponentes. Las conclusiones que saca durante los encuentros las obtiene de observar lo que ve y demuestra, en cada comparecencia, que sabe entender el juego e ir muy al detalle cuando analiza el fútbol.

En Anoeta ofreció una lección práctica de análisis táctico y de uso del efecto sorpresa, colocando de inicio a Toni en la mediapunta y a Óscar Plano acostado a la izquierda. Una alteración de posiciones que solo había utilizado durante algunos tramos o por ajustes coyunturales en determinadas jugadas. Apostó y ganó, aunque, como cualquier decisión, la idea tenía sus riesgos.

La permuta le vino bien a ambos futbolistas. Óscar Plano se convirtió en el mejor jugador del choque. Omnipresente en ataque y en defensa, fue el complemento idóneo a Nacho, al que echó una mano para frenar las acometidas de un Januzaj muy peligroso en el uno contra uno. De paso, aprovechó para dar su segunda asistencia de la temporada, tras robar un balón frente al área y filtrar un pase para que Toni fusilara a Moyá.

Con ese tanto el jugador murciano hizo su segundo gol en Primera y el cuarto como jugador profesional. Su partido también fue merecedor de ser destacado, porque en la primera parte flotó sobre el césped con la pelota en los pies y en la segunda peleó como el que más para frenar el aluvión de una Real que buscó la portería contraria sin descanso. Tanto trabajó que Sergio le eligió como el primer cambio del equipo, dando entrada a Borja en su lugar en el minuto 74 del duelo.

Además de todo esto, Sergio desveló tras el encuentro que su variación tenía una segunda intención: la de devolver a ambos al juego con su pierna natural y de esta forma conseguir que el equipo fuese «más ancho». Argumentaba que los jugadores de banda, cuando juegan a pierna cambiada, tienen tendencia a marcharse hacia dentro con la pelota para encontrarse más cómodos a la hora de golpear, así que ayer ganó algunos metros más junto a la cal para dar opciones de crear peligro desde ella. Con la inestimable colaboración de Keko, que completó un gran encuentro en el ala derecha, el equipo desarboló durante toda la primera parte a la Real Sociedad basando su juego en la intensidad defensiva y en un ansia acuciante por buscar la portería contraria.

Esperando otra contra

Tal fue la verticalidad blanquivioleta que el equipo ganó con 258 pases (170 de ellos acertados) por 538 de la Real Sociedad (474 con éxito). Aunque también es cierto que la segunda mitad del partido fue para el conjunto vasco, que terminó cayendo tras dominar la pelota durante el 68% del tiempo.

De nuevo en ese durísimo arreón de los donostiarras brilló la pizarra de Sergio, como él mismo desveló después en su comparecencia. Pese a que la Real salió a buscar el gol desde la reanudación, el técnico no introdujo su primera cambio (el ya mencionado de Toni por Borja) hasta el último cuarto. La razón no era otra que la de buscar un tercer gol a la contra, táctica con la que se había conseguido el de Antoñito que a la postre daría la victoria a los vallisoletanos. Reconoció que aguantó todo lo que pudo con esa intención en la cabeza, pero cuando vio que no le daba resultado acudió «al plan b», reforzando la defensa con el centrocampista gallego incrustado entre los centrales Kiko Olivas y Fernando Calero.

Otra vez a funcionó la táctica defensiva, frente a un conjunto local que no hacía más que acumular a futbolistas de ataque buscando el acierto necesario para empatar. Asier Garitano dio entrada a Sandro, Bautista y Rubén Pardo, toda la pólvora que tenía en el banquillo, pero junto a Willian José, Januzaj u Oyarzabal fueron incapaces de encontrar por segunda vez el camino hacia la portería de Masip. Hubo una dosis de suerte, sí, pero ninguna victoria se consigue sin ella. Sergio se buscó todo lo bueno que le pasó el domingo.