Huesca 4 - Real Valladolid 0

Uno muerde, el otro se deja

Insua arrolla a Óscar Plano en un balón aéreo. / LOF
Insua arrolla a Óscar Plano en un balón aéreo. / LOF

Escandalosamente contemplativo, al equipo de Sergio González se le vieron las costuras en El Alcoraz

Luis Miguel de Pablos
LUIS MIGUEL DE PABLOSValladolid

No tenía motivos ayer el Valladolid para no tener hambre, una victoria en los últimos siete partidos no parecía ser argumento demasiado sólido ni pesado para pensar en tomarse un respiro antes de coger aire de nuevo. Al menos no era muy aconsejable en campo del colista, donde todos los equipos a excepción del Betis habían desfilado con puntos en el zurrón.

El viento, es más, soplaba a favor en las horas previas con un equipo mucho más armado tras la visita del Celta y el cierre del mercado invernal. Por fin había un '9' que sumar a una ecuación a la que, salvo contadas ocasiones, nunca le había faltado una pareja de centrales fiable y de máximas garantías. Lo hacía, además, con dos piezas del engranaje perfectamente engrasadas, caso de Keko y Óscar Plano. ¡Vamos, que el equipo de Sergio llegaba a Huesca en un momento óptimo! Nunca le había perdido la cara a ningún rival, y siempre había tenido opciones de puntuar daba igual el tamaño del estadio, ya fuera el Bernabéu, Anoeta, San Mamés, el Sánchez Pizjuán o Balaídos. ¡Cómo no competir en campo del colista!

Craso error. Al Valladolid se le hubiera perdonado todo ayer de no ser porque se le olvidó morder. Hubiera dado igual la caraja monumental de los centrales, hubiese tenido un pase que un pipiolo como el 'Cuchu' Hernández (19 años) ganara todos los balones divididos y los menos divididos, no hubiera importado que el centro del campo desapareciera desde el minuto diez de partido,... Ni siquiera que al equipo se le vieran las costuras cada vez que el Huesca merodeaba las inmediaciones del área de Masip.

Engullido el colista

Pero la falta de intensidad y el hambre por ganar cada balón no se le perdonan a un equipo que ayer fue una caricatura de sí mismo, regalando demasiado terreno a su rival por muy colista que fuera. Fue el colista y no el Valladolid el que salió a morder en cada lance del encuentro, en cada centímetro del campo, ganando una y otra vez todos los balones, incluso los imposibles, recibiendo toda una lección de humildad precisamente a manos del más humilde de la categoría.

Solo había celebrado el Huesca dos victorias en poco más de cinco meses de competición, y ese hambre se le notó del primero al último de los minutos de juego. El mejor ejemplo de que saltó al campo a morder y a llevarse a todo aquel que se le pusiera por delante fueron las seis tarjetas que recibió.... las tres últimas en los minutos 81, 82 y 84 cuando su tercera victoria ya estaba encaminada y el marcador reflejaba ya el 4-0 definitivo.

La tarrascada entre Anuar y Moi en campo del Valladolid, minuto 85, o la falta provocada en el 93 por un jugador local son lo suficientemente significativos y explicativos de la actitud de unos y otros.

Excesivamente contemplativo, el equipo de Sergio González mordió el polvo sin excusa posible –se le atascan las defensas de tres centrales–. Hasta el VAR acertó en sus intervenciones –no tiene discusión el fuera de juego de Plano en el gol–, en un partido para olvidar que debe marcar un punto de inflexión y abrir paréntesis a la reflexión sobre las prestaciones defensivas del equipo. De más a menos, la línea más fiable del bloque en la primera vuelta del campeonato se ha ido cayendo sin que el técnico lo haya advertido.

Una vez más, y ya son seis en esta temporada, un error –esta vez de Fernando Calero– facilitó que el rival se adelantara en el marcador antes del minuto veinte de juego, convirtiendo el partido en una montaña rusa de la que esta vez no supo salir con solvencia. Aspas y Maxi marcaron en Balaídos para el Celta; Borja para el Espanyol en Zorrilla; Siovas sumó para el Leganés; Medrán con la camiseta del Rayo; Pione Sisto hace nada para el Celta; y Enric Gallego se estrenó ayer... Todos antes de que se cumpliera la primera media hora de juego, obligando al Valladolid a rehacerse y a recomponer sus líneas y estado de ánimo para obligarse a remontar.

La primera oportunidad de marcar diferencias con equipos de su liga se fue al limbo. Y con ella, el primero de los 'average' particulares. La segunda llega en menos de una semana con un Villarreal deprimido y con ganas de dar otro mordisco a la clasificación.

 

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