Una nariz que cambió toda una carrera

Ter Stegen comenzó en el fútbol como delantero, pero una casualidad hizo que pasase a defender la portería

Ter Stegen al finalizar el partido ante el Alavés/Efe
Ter Stegen al finalizar el partido ante el Alavés / Efe
DAMIÁN MORENO PRADOValladolid

Marc-André ter Stegen representa la nueva hornada de porteros llevada a su máxima expresión. Un cancerbero que no tiene un solo defecto aparente y que raya casi a la perfección. Grandes reflejos en el uno contra uno, capacidad y valentía para atajar los balones por alto, y sobre todo un juego de pies que firmaría el mejor centrocampista. Porque esta última cualidad era un atributo secundario pero se ha convertido en una exigencia de serie en el fútbol moderno. «No estaría en el Barcelona si no supiera jugar con los pies. Es importante para el club», reconocía el germano hace varios meses en una entrevista a la revista 'Panenka'.

Parece que como estamos hablando de uno de los mejores portero del mundo, en la actualidad quizá el mejor, por eso su carrera ha sido un camino de rosas. Nada más lejos de la realidad. Sus virtudes no le han servido para ser titular en la selección alemana, Löw ha apostado siempre por Neuer, incluso en el pasado Mundial cuando venía de una lesión y sin rodaje, y le costó hacerse con la portería que ahora custodia sin lugar a dudas: la del FC Barcelona. Esa situación le llevó en su tercer año a plantear a la directiva culé su marcha si no era titular en liga. El club apostó por él y el chileno Claudio Bravo se marchó al City. El órdago les salió realmente bien.

Lo ha ganado todo con la entidad catalana: una Champions, un Mundial de Clubes, una Supercopa de Europa, tres Ligas, cuatro Copas del Rey y dos Supercopas de España, la última ante el Sevilla, parando un penalti rozando el tiempo de descuento. En total 12 títulos con tan solo 26 años.

Ter Stegen, tímido de trato para los que lo conocen, no suele conceder muchas entrevistas a los medios. Pero cuando lo hace, no tiene problemas en recordar cómo ha llegado a ser el portero de uno de los clubes más importantes del mundo y desgranar sus inicios con todo lujo de detalles. En su primer partido como benjamín, todavía era delantero, marcó en su propia portería. Desde pequeño solo había jugado en el garaje de su casa y para él, el fútbol solo tenía una dirección: la de su pared cuando trataba de batir a su hermano. «Mi madre y mis abuelos me gritaban y yo pensaba: 'Wow, lo deberé estar haciendo muy bien', hasta que alguien me dijo que iba en dirección contraria», narraba la divertida anécdota a 'Player's Tribune'.

Una nariz lo cambió todo

El alemán desveló que una nariz ensangrentada cambió el rumbo de su carrera. «Muchas cosas han pasado desde entonces, pero así fue cómo empezó todo», relataba el portero. Y es que uno de sus compañeros en el Mönchengladbach, el encargado de defender la portería, le sangraba la nariz constantemente. El entrenador pidió a alguno de sus jugadores que le sustituyera y ya sabemos quién lo hizo. André tenía diez años por aquel entonces. «Me encantaba marcar goles, jugaba para marcar. Era lo que me hacía feliz y lo que me hizo enamorarme del fútbol. A partir de ese día el técnico me dijo que: 'o portero en el Gladbach o delantero en otro club'. No me quería ir a otro sitio, así que me quedé en la línea de gol». El cancerbero del Barcelona ha reconocido en más de una ocasión que su referencia desde niño ha sido su homólogo Oliver Kahn. «Nuestro estilo es distinto pero me fijaba en él por su mentalidad», explica el germano.

El ex del Gladbach ya dejó una de sus perlas en forma de regate en la primera jornada de liga en el Camp Nou. En el minuto 53, todavía con 0-0 en el marcador, salió fuera del área para cortar un avance del extremo Jony, quien se había ido por velocidad de Piqué, pero en vez de mandarla a la grada con un despeje, picó el balón por encima de su rival y lo controló de manera exquisita.

El sábado contra el Real Valladolid se encontrará cara a cara con su excompañero Jordi Masip, salido de La Masia, y con el que compartió equipo hasta que el de Sabadell decidió buscar minutos en Pucela. No son tan distintos ya que Masip también es 'ADN Barça'. Su salida de balón y sus reflejos bajo palos se hacen imprescindibles para que el Pucela resista ante el Barcelona del muro germano.

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