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El apelativo comenzó a popularizarse en la jerga futbolística en los años 40, suscitando la airada protesta de escritores y periodistas por su matiz despectivo
16 de mayo de 2012
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'Pucela': ¿Un término denigrante?
ENRIQUE BERZAL | .-

Quién en Valladolid se sentiría insultado si le llaman pucelano? Nadie, a buen seguro. Es más, no son pocos los nacidos en esta ciudad que reivindican con orgullo dicho apelativo, especialmente célebre entre los miles de incondicionales del equipo de fútbol. Pero no ocurría así hace 50 años, cuando hablar de «Pucela» era interpretado como una ofensa por ciertas personalidades de gran relevancia social. Un dato poco conocido y que viene a enriquecer lo ya sabido sobre el incierto origen de un término que hoy, al contrario de entonces, se acepta con toda normalidad, cuando no con verdadero cariño.

Lo cierto es que desentrañar la raíz exacta de «Pucela» sigue siendo, a día de hoy, una empresa prácticamente imposible: apenas podemos rebasar determinadas conjeturas de carácter histórico, teorías filológicas más o menos plausibles y fabulaciones bien conocidas. No existe, en efecto, dato objetivo alguno que acredite la raíz de un término que identifica popularmente a Valladolid y sus habitantes.

Y así, se ha puesto en relación directa con Juana de Arco, aquella brava doncella («poucelle») francesa a la que en el primer tercio del sig.- lo XV cientos de vallisoletanos prestaron ayuda militar en su lucha contra Inglaterra. Esta teoría, la más hermosa en palabras de Luis Calabia, surgió a raíz de la edición comentada de la célebre 'Crónica de don Álvaro de Luna, Condestable de Castilla, Maestre de Santiago'; publicada en 1940, reproducía una importante embajada francesa, fechada hacia 1429, en la que partidarios de Juana de Arco solicitaban a Juan II de Castilla –entonces la Corte estaba en Valladolid– ayuda para combatir a los ingleses en la 'Guerra de los cien años'.

Juana de Arco

Dicen que por la ciudad se aireó una carta, escrita de puño y letra por la mismísima Juan de Arco, requiriendo tamaña ayuda, lo que contribuyó a incrementar el furor popular hacia la causa de la 'poucelle de Orleans'. La contribución vallisoletana, enviada hacia 1434, habría consistido en 25 naos, 15 carabelas, una cantidad importante de armamento y aguerridos luchadores liderados por Rodrigo de Villandrando; estos, a su regreso y tras una heroica actuación en tierras francesas, habrían sido apodados «los pucelanos», es decir, los seguidores de la doncella.

Menos épicas son otras teorías, como la que habla de la existencia, en épocas antiguas, de una bella mujer de Valladolid que logró notoriedad tanto por su belleza como por su 'moral relajada'; o la popularizada por el catedrático Celso Almuiña, para quien el término, además de ser una invención del siglo XX, estaría en línea con los topónimos de origen geográfico y haría referencia «a la concavidad (valle) en que se halla ubicada esta Venecia de La Meseta, que es Valladolid», lugar de aguas conocidas (Pisuerga, Esgueva, Duero, Canal de Castilla) y no siempre salubres. De modo, continúa Almuiña, que esta «poza» se transformaría en una «pozuela» (pequeña poza) o pucela.

El etnógrafo Joaquín Díaz, por su parte, hace derivar «Pucela» de «pucelano», nombre con el que era conocido, a principios del siglo XX, el cemento de la localidad italiana de Puzzuoli, distribuido de manera exclusiva por la fábrica 'La Cerámica' de Eloy Silió, sita desde 1903 en el actual barrio de los Vadillos. Según Díaz, con el apelativo de pucelanos comenzaron a ser denominados los vallisoletanos que se encargaban del reparto y entrega de los portes de ese cemento «puzolánico» o «puzolano».

Poco amable es, sin embargo, la teoría publicada en 1986 por el catedrático César Hernández Alonso, pues, siguiendo a L. Spitzer, apunta que «Pucela» provendría de un vulgar diminutivo de «puce», es decir, «pulga», y que habría sido utilizado de manera despectiva por los madrileños del siglo XVIII para mofarse de los «pulgosos» vallisoletanos, a quienes terminaron arrebatando la corte y sus riquezas.

Imposible de desenmarañar la complicada madeja de su origen etimológico, lo que está fuera de dudas es el uso relativamente reciente del término «Pucela». Como señala Almuiña, el erudito Casimiro González García-Valladolid no lo mentó en el exhaustivo repaso historiográfico de los nombres de la ciudad llevado a cabo en su obra 'Valladolid, recuerdos y grandezas', publicada en 1901; y en el mismo tomo de la monumental enciclopedia Espasa, fechado en 1922, aparece «Pucela» con la acepción de «jovencita» o «doncella» y como sobrenombre de «Juana de Arco», sin referencia alguna a nuestra ciudad. Y define «pucelana» como derivación de «puzolana», esto es, «cierta especie de barro o betún sumamente pegajoso». De hecho, la prensa del siglo XIX también cita «pucelana» y «puzolana» como un tipo específico de arcilla.

Uso reciente

EL NORTE DE CASTILLA aclara más sobre la utilización popular del término «Pucela» referido a Valladolid. En sus páginas no aparece hasta el 13 de abril de 1941, y de inmediato genera una reacción nada condescendiente. Fue Manuel Gómez Domingo, más conocido como «Rienzi», quien lo utilizó por primera vez en su pronóstico deportivo sobre el encuentro de la Copa del Generalísimo que habría de enfrentar en Ferrol al Real Valladolid con el Rácing: «Los vallisoletanos no sólo deben jugar, sino 'saber' cómo han de jugarle al Rácing cara al marcador alcanzado en Pucela» (habían ganado por 5-0 en Zorrilla).

El término «Pucela» comenzó a emplearse, por tanto, a principios de los años 40 del siglo XX y con especial énfasis en los ambientes futbolísticos de la ciudad. Lo cual causó gran irritación entre los entendidos del momento, periodistas y escritores la mayoría, a causa de su matiz altamente despectivo. Así lo demuestra la airada reacción, en las mismas páginas del decano de la prensa, del mismísimo Francisco de Cossío, su director desde 1931. Su protesta escrita, publicada en portada el 7 de junio de 1942, domingo para ser más exactos, llevaba por título «Valladolid y Pucela», y aclaraba el carácter despectivo de un apelativo cada vez más arraigado en el habla popular/futbolística:

«Con motivo de los éxitos futbolísticos de Valladolid, se ha puesto en circulación, quizá excesivamente, la palabra Pucela. La mayor parte de la gente no sabe lo que esto significa, y yo mismo no estoy muy seguro de su origen. Se pensó si sería una expresión gitana, para afirmar los más enterados que era una palabra del argot del hampa. Es decir, que los ladrones y gente de baja condición, para designar entre ellos Valladolid, y que nadie pudiera entender la población a que se referían, decían Pucela».

El confesado amor de Cossío por Valladolid le llevaba a desaconsejar de manera tajante la utilización de dicho «apodo», pues consideraba que en realidad contribuía a denigrarla: «Dejemos, pues, a los carteristas en su lenguaje delincuente, llamando 'bofia' a la Policía, 'chivato' al delator y 'Pucela' a nuestra ciudad, y volviendo nuestros ojos al fundador, al Conde Ansúrez, afirmemos el nombre de Valladolid como la mejor ejecutoria de nuestra nobleza y el solar entrañable de nuestra ciudadanía».

Escandalizado

Pero poco caso hicieron a Cossío los cronistas deportivos, y mucho menos los hinchas del equipo; en noviembre de 1948 era Ángel Lera de Isla quien, escandalizado por los gritos de «¡Pucela!, ¡Pucela!» proferidos por los aficionados vallisoletanos en el «Nuevo Estado de Chamartín» (actual Santiago Bernabéu), protestaba: «¿Por qué, pues, los de Valladolid han de llevar como bandera ese estúpido y malsonante nombre de Pucela?».

Lo cual dio pie a una nueva columna de Cossío, titulada «Eso de Pucela» (23 de noviembre de 1948), en la que volvía a fustigar «este mote con el que gentes de poco seso y de dudosa dignidad pretenden sustituir el bello nombre de Valladolid con el de 'Pucela'». Insistía el insigne escritor en la «mala cuna» de su origen, «tan baja como puede ser la jerga rastrera y sucia de los presidiarios que merecen serlo», aduciendo que a quienes lo utilizaban «les gusta lo chulesco, lo más innoble o están reñidos con cuanto significa social o cortesía, delicadeza y buenas costumbres en el comportamiento». De la molestia por el empleo de «Pucela» también se hizo eco, en febrero de 1965, el periodista Ángel de Pablos ('Publio'), cuando se quejaba del empleo de «esa palabreja», hacia la que los vallisoletanos también habían expresado su repulsa en más de una ocasión, en el programa de TVE 'La Unión hace la fuerza'. Hasta el mismo Félix Antonio González ('Ansúrez') dedicó uno de sus ripios, en noviembre de 1970, a denostar un término afianzado ya en el terreno deportivo:

«La ciudad/ tiene un nombre, un nombre/ desde su más niña edad... [claro/ No ese dicharacho raro/ que molesta en realidad.../ Porque es un mote... La gente/ que va diciendo Pucela/ tan inconsecuentemente/ podría, lector prudente,/ poner motes a su abuela».

Lo que vino luego es de sobra conocido. La realidad de la calle (o del estadio) acabó por imponerse y las quejas eruditas nada pudieron hacer para contener el arrastre popular/futbolístico de un apelativo que designa a Valladolid y que nada tiene que ver con ese matiz peyorativo que tanta irritación generaba en Francisco de Cossío.

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