El Norte de Castilla
Real Valladolid

En blanco y violeta

La piña de la victoria

La piña es, como todo el mundo sabe, una deliciosa fruta tropical. No es que fuera el arma secreta del equipo, ni siquiera el talismán, pero en la campaña 2006-2007 fueron una constante en el vestuario del Real Valladolid. Julio Benavente Vidal (15-09-79, Valladolid) conoció a Javier Baraja a través de Patri. Este último jugaba al fútbol con Luis, el hermano menor de Javi, en el CD Universitario. «Si bien vivía al lado de la casa de los Baraja en las Delicias, y a cien metros, no nos habíamos visto nunca antes», comenta Julio. Fue con la llegada al Valladolid de José Luis Mendilibar cuando el equipo comenzó a aliarse con el ‘efecto piña’. Así lo relata Julio: «Yo subía a ver los entrenamientos porque entablé muy buena relación con Javi Baraja y a partir de ahí con Alberto Marcos, Álvaro Antón, Álvaro Rubio… Empecé a decirles que si ganaban el partido del fin de semana les regalaría una caja de piñas».

Esa temporada fue el año del ascenso meteórico del equipo de Segunda a Primera. El Real Valladolid encadenó doce partidos sin perder, sumó 88 puntos de récord, 24 victorias y todo esto se tradujo en que la caja de piñas (siete u ocho que se cortaban y troceaban en el vestuario en un principio) se convirtió en una piña para cada jugador del plantel que se llevaba a su casa para disfrutarla con los suyos. Un presupuesto nada desdeñable en piñas que Julio regaló sin reparo alguno. «Pagué muchas piñas. Nunca las he contado, pero lo hice con gusto», declara.

Los futbolistas quisieron también reconocer ese esfuerzo. En el encuentro decisivo de Tenerife el 22 de abril de 2007 en el que el Real Valladolid si ganaba ascendía de forma matemática, invitaron a Julio al desplazamiento a las islas. Este viajó en el avión con los jugadores, se alojó en el mismo hotel y en la habitación con el utilero Óscar, vio el partido al lado de los futbolistas no convocados y de los doctores y luego disfrutó de la fiesta de celebración con todo el grupo. «Recuerdo que me dieron una entrada de una localidad enfrente de los banquillos. Llamé a Oscar y me dijo: ‘tú vete a la entrada de los jugadores y di que Víctor no tiene las pulseras; que no puede jugar sin ellas’. Así entré en la zona de vestuarios. Estábamos en la tribuna con Oscar Sánchez, García Calvo, Chemita, con Rafa Ramos. Cuando marcó Manchev nos bajamos y les esperamos a todos los jugadores en el túnel ya provistos de las camisetas del ascenso».

Hijo de frutero, Julio con más de diez años en la profesión, tiene a su mujer también metida en el sector como mayorista. No en vano, la empresa de esta, ‘Frutas Terrados’, fue durante un tiempo patrocinador de uno de los equipos de rugby y también después del Real Valladolid.

A nivel comercial, y aproximadamente desde que Djukic estuvo en la primera plantilla, Julio se ocupa de suministrar la fruta en el vestuario además de la que proporciona los días del partido para los dos equipos y los árbitros. Si antes se encargaban los jugadores de abonar la minuta a través de un bote común, ahora desde que entró el actual entrenador Rubi, es el propio club el que lo ha institucionalizado como una parte más de la labor de hacer grupo y alimentarse saludablemente. Así, cuando llegan los jugadores por la mañana, tienen preparado en la zona derecha del vestuario en unas mesas el desayuno con leche, zumos y frutas. Y algo similar acontece al concluir el entrenamiento. «Después de hacer actividad física, existe un umbral de media hora en el que hay mucho deseo de saciarte. Si comen fruta, que el 70% agua, les sacia y es muy sano».

Diego Castro, Iván Hernández, el difunto Manolo Preciado, Geijo y muchos otros futbolistas ya amigos se han cruzado en la vida de Julio Benavente, como también lo han hecho partidos importantes como la liga de campeones que presenció en Milán entre el Valencia en el que militaba Rubén Baraja y el Bayern de Múnich. «Todo eso se lo debo sin duda a Javi», dice Julio presumiendo de ser «casi el cuarto hermano Baraja Vegas».

Actualmente, porque el fútbol también es una de sus pasiones, Julio está sacándose el título de entrenador nivel uno. Todo ello aprovechando el poco tiempo que le queda después de levantarse a las cinco y cuarto de la mañana. Este año no ha prometido piñas, pero a buen seguro que si el equipo blanquivioleta asciende no va a encontrar problema en surtir a la plantilla. ¿Serán las piñas de la victoria o del ascenso?