Orejas tiesas en el Real Valladolid

La advertencia del entrenador es para tomársela muy en serio

Sergio abraza a Garitanos/G. Villamil
Sergio abraza a Garitanos / G. Villamil
Eloy de la Pisa
ELOY DE LA PISA

Lo recordaba esta semana Juanan Pardal en esta sección: el último descenso se gestó en un partido ante un rival ya descendido, aquel famoso del 4-3 ante el Betis. Y quería ser aquel reportaje un aviso a navegantes. Navegantes que, a tenor de lo que ha dicho el entrenador del Pucela, no parecen haberse enterado de que hay galerna y que no es momento para que la orquesta del Titanic se mantenga impertérrita.

El partido de mañana es para tenerle respeto. Mucho respeto. Dice Mendilibar que es casi imposible que en un partido de fútbol pase lo mismo que sucedió en uno anterior. Y es cierto. Lo que ya no es tan improbable es que la historia se repita. Y de eso hay ejemplos en el fútbol a paladas. Que se lo digan al Barcelona, por ejemplo.

En Vallecas, mañana, no tiene porqué suceder lo mismo que ocurrió en el Villamarín aquel 11 de mayo de 2014. Pero hay algunas circunstancias que son, cuando menos, curiosas.

Primero. Volvemos a encontrarnos un descendido en la penúltima jornada y, como entonces, estamos fuera del descenso y dependemos de lo que logremos para llegar con ventaja a la última fecha.

Segundo. En aquel partido en Sevilla la temperatura fue superior a los 30 grados a la hora del encuentro; para mañana, a las 18:30 y en Madrid, se esperan entre 27 y 29 grados, dependiendo de cómo se aposente la masa de aire africano que nos acecha.

Tercero. Sergio, técnico supersticioso donde los haya, ha lucido ante Girona y Athletic un peculiar suéter, que incluso mereció el comentario del maestro Pérez Gellida en su columna 'La cantina del calvo'. Mucho me temo que mañana, en el coliseo franjirrojo, no podrá lucir tal prenda mucho rato. Es difícil controlar el estrés de un partido de estas características a esa temperatura y enfundado en un cálido jersey. Así que Sergio va a estar embutido poco tiempo en su prenda de la suerte.

Bromas aparte, la advertencia del técnico sobre la relajación que ve en la plantilla, los técnicos, la prensa, el club, los aficionados es un nuevo aviso a navegantes. No creo que la cosa sea tan acentuada como refleja el míster, pero sí es cierto que algo de eso hay. El bosque del triunfo ante el Athletic –ya se nos ha olvidado a todos lo agónico que fue–, parece que nos impide ver el árbol. Un árbol, solo uno, había en la carretera por la que conducía un día de Navidad Germán Hornos. El uruguayo salió vivo del impacto, pero su prometedora carrera futbolística se truncó.

El Real Valladolid no puede repetir el domingo la historia de hace un lustro; no puede estrellarse contra el árbol. Es una final, y como tal hay que afrontarla. Todos.