Orgullo y entrega

Advierte el articuista que argumentar la entrega en el terreno de juego como una virtud del equipo es falaz, por cuanto debe ser una obligación

Borja y Bergantiños. /A. Mingueza
Borja y Bergantiños. / A. Mingueza
JESÚS MORENO

Lo peor de una crisis de juego y, principalmente, de resultados en este mundo que tiene al Real Valladolid como epicentro -desconozco si este fenómeno se da en otros equipos de otros deportes- es la necesidad que tienen los pesos más pesados del vestuario de salir a los medios de comunicación a dar la cara, a hacer de portavoces de todo el colectivo que se refugia intramuros de Zorrilla, para esgrimir entre circunloquios cargados de tópicos y palabras vacías algo con cierto contenido que sirva para subir el ánimo de una afición que, cada vez más, está pasando de melancólica a la indiferencia con el peligro que eso supone, incluso, para la propia supervivencia de toda la entidad.

De este modo y tras la derrota del domingo, Borja Fernández contestó a un periodista que por la entrega que habían mostrado sobre el terreno de juego, la afición podía sentirse orgullosa del equipo. Un mensaje ese que, más allá de lo huecas que puede sonar cualquier palabra en una situación como la que ahora se encuentra el Real Valladolid, escondía en realidad una doble duda: o el orgullo se debe a que el coraje mostrado durante el último partido es lo máximo a lo que se puede aspirar y por lo tanto merece premio, o por el contrario, quería decir que el arrojo con el que se aplicó el equipo era motivo de honra por cuanto aquel era un hecho extraordinario que no sucedía todos los días.

El Real Valladolid, precisamente, es lo que es y ha llegado a donde ha llegado porque la entrega no es una de las virtudes que le adornan, sino que es una de las obligaciones que tiene asumida desde su origen como forma de respetar los valores mismos del deporte y, de manera más prosaica y práctica, de igualar el dinero con el que se compra el talento que pudiera poseer el rival de turno.

Esta institución que presume de tener alma castellana no puede entenderse sin entrega, trabajo y cierta dosis de sufrimiento; señas de identidad tan características como las rayas de la camiseta o las llamas del escudo y cuya ausencia, tan prolongada en el tiempo que cada vez que se muestran son motivo para hacer un llamamiento al orgullo, es una de las causas por la que nos encontramos en una situación tan complicada como esta.

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