Pagafantas

El autor del artículo apela a una reunión a puerta cerrada en el vestuario para que técnico y jugadores se miren a la cara

Sergi Guardiola, Alcaraz y Antoñito se lamentan en una acción del partido ante el Real Madrid. /Villamil
Sergi Guardiola, Alcaraz y Antoñito se lamentan en una acción del partido ante el Real Madrid. / Villamil
JUAN ÁNGEL MÉNDEZValladolid

Confirmado. El Real Valladolid es el 'pagafantas' de LaLiga. Su trayectoria dibuja con buen trazo el estereotipo del protagonista de la película de Cobeaga. Es la radiografía perfecta del quiero, pero no puedo. O quiero, pero no sé, depende de cómo se mire. No hay una coma que poner a su entrega para conseguir el objetivo, en este caso la victoria o la permanencia, pero cuando llega el momento de concretar, el plan se viene abajo como consecuencia de una concatenación de errores de principiante, de pardillo, que diría mi querido Magnífico Margarito. Y a medida que avanza el cortejo, el espacio con el infierno se estrecha, y el tiempo se agota, sin que el aplicado aspirante blanquivioleta encuentre el 'sí, quiero'.

Cuando el conjunto vallisoletano actuaba como un bloque sincronizado y armónico, daba igual el contrario, los de Sergio siempre competían y exhibían capacidad para jugar bien y ganar. Ahora, todo forma parte del miedo y los gazapos. El rival es lo de menos. No importa que llegue el Madrid con una depresión de caballo y te regale una goleada en la primera media hora para dimitir cuanto antes y pensar en Zidane. Al Real Valladolid no le gustan los agasajos, prefiere sumergirse en su laberinto y profundizar en su propia inestabilidad para prolongar su bochornosa racha de resultados. Es la vida en blanco y violeta. Prefiero descender echando pestes de la plantilla por incompetentes a hacerlo con la sonrisa de la muerte dulce. Corren mucho y hay compromiso, pero siempre pierden. No sirve de nada. Al fútbol se gana con aciertos y goles. Cómo me gustaría decir, 'qué poco corren, pero cómo ganan'. Una quimera.

Hace una semana apelé al reseteo del técnico y jugadores para afrontar una liga de doce jornadas. A muerte. Ya hemos consumido un capítulo más y el descenso está a dos puntos. Sergio habló muy claro tras la derrota del domingo. El técnico nunca se esconde y desnudó las miserias de su vestuario, que vive presa del pánico. Ya no es fiable ni el portero, que volvió a fallar en una salida. Tal vez haya que contratar a un psicólogo exprés, no sé, pero lo que está claro es que la depresión gobierna el universo blanquivioleta.

Para escapar del disfraz de 'pagafantas', la plantilla y el cuerpo técnico necesitan mirarse a los ojos y decirse las cosas a la cara, sin careta. Y el que piense más en el fallo que en el acierto, que no vuelva a pisar el césped. Sigo pensando que no hay otro entrenador mejor que Sergio, pero también necesita unificar su discurso y desbloquearse para interpretar mejor los partidos. Resulta difícil de explicar la titularidad de Keko o que, de repente, Cop entre antes que Ünal. Tal vez el equipo precise volver a sentir de cerca la seguridad desde el banquillo en lugar de ciertos vaivenes, cuya única función reside en ensanchar la fractura. El calendario no invita al optimismo, las sensaciones mucho menos, pero hay tiempo para recomponer el ánimo y dar portazo al miedo. En vuestra mano lo dejo.