Pardillos Sociedad Limitada

Cuando parece imposible de rizar, este equipo se empeña en darse otro tiro en el pie

Los jugadores del Getafe celebran el tanto con Plano en primer plano lamentándose. /Ramón Gómez
Los jugadores del Getafe celebran el tanto con Plano en primer plano lamentándose. / Ramón Gómez
Luis Miguel de Pablos
LUIS MIGUEL DE PABLOSValladolid

Piense el lector en alguna de esas carambolas que se dan en el fútbol de ciento en viento. Sí, de esas que tiene que dejar pasar cinco partidos para verla en el sexto. ¡Esa misma! Pues esa la ha llevado el Valladolid al tapete esta temporada. Es más, la ha protagonizado en las cuatro-cinco últimas semanas sin riesgo al equívoco.

Da igual si ha pensado en un equipo que pierda un punto en el minuto 96 o dos en el 94; en uno que haya fallado los cinco primeros penaltis de la temporada; ése al que le anulan el gol de la victoria por fuera de juego posicional sin interferir en la jugada; aquel que le sirven un dos contra nadie para sentenciar la victoria y acaba cayendo en fuera de juego... Si alguien llegó al estadio pensando que ya lo había visto todo, imaginando que nada podía pasar que empeorara lo visto hasta entonces, o subestimaba a Murphy o a este equipo, capaz de rizar el rizo e incluso al que inventó el rizo –según la RAE se refiere a las piruetas que realizan los pilotos–.

Empeñado está este Valladolid, por lo tanto, en apuntarse al más difícil todavía, a lo nunca visto, a la pirueta imposible. A pegarse en el pie todos los tiros del mundo antes que evitar lo que parece inevitable.

Hasta ayer muchas han sido las ocasiones en las que hemos lamentado la mala suerte de este equipo. No pocas las que los jugadores se han referido a lo injusto que está siendo el fútbol con ellos. Pero después de lo visto ayer y sufrido antesdeayer, en el mismo vaso hay que verter las toneladas de inocencia que brotan de esta plantilla por metro cuadrado.

Waldo Rubio remata en fuera de juego tras servicio de Nacho en el que pudo ser 3-1.
Waldo Rubio remata en fuera de juego tras servicio de Nacho en el que pudo ser 3-1. / R. Gómez

Sin nada que reprochar a su esfuerzo, no es posible ver en un equipo de Primera División tanta ingenuidad como acumula este Valladolid, tan pronto capaz de regalarle treinta segundos al reloj para propiciar el gol de la derrota como de regalar un punto a quien no lo merecía hasta en dos ocasiones. Tan grave desperdiciar esa contra de Nacho y Waldo con David Soria como único obstáculo como conceder un penalti en la última décima de segundo del partido por exceso de celo. Ambas situaciones de otra categoría que acentúan, más si cabe, la candidez de una plantilla en la que este año han debutado nada menos que trece jugadores en Primera División.

No es extraño que las caras de los aficionados que desfilaban a la salida del estadio, muchos con años de cemento a su espalda, reflejaran la resignación y abatimiento de quien no ve más salidas al laberinto en el que se ha metido su equipo por méritos propios.

Tantas han sido las vueltas que se le han dado al calcetín que las sensaciones conducen al mismo precipicio. Da igual del derecho o del revés. Con un portero, con otro o con los dos a la vez. Con dos delanteros o tres centrales. Con la cantera. Sin ella. Con un cuerpo técnico o con otro. Siempre habrá alguien que se pegue un tiro. En el pie o en la sien.