El patito feo

El autor habla en su artículo del respeto que le han cogido al Real Valladolid los rivales, que ya no se dejan sorprender por el recién ascendido

Escudero y Pablo Sarabia saludan a Michel. /R. Gómez
Escudero y Pablo Sarabia saludan a Michel. / R. Gómez
JESÚS MORENOValladolid

Intuyo que al Real Valladolid se le acabó el recreo, si es que puede llamarse así a los días de vino y rosas que ha estado viviendo desde que inició la temporada. Aquellos de principio de curso en los que se intuía más juego que puntos o, avanzada la competición, en donde el equipo mostraba solidez en defensa y alegría en ataque suficientes como para salir airoso de campos con solera en la categoría.

Pero en los últimos partidos diera la sensación de que el grupo se ha atascado. La semana pasada, Carlos Pérez en estas mismas páginas reflexionaba sobre el valor de las derrotas que pueda sufrir el equipo a la hora de sacar concusiones sobre las mismas, útiles para mejorar el rendimiento futuro. El conocido 'unas veces se gana y otras se aprende'. Sin embargo, de lo que no dijo nada es de la posibilidad cierta de que hayan sido los propios rivales del Real Valladolid los que hayan aprendido de las derrotas cosechadas por todos aquellos que se enfrentaron al Pucela antes que ellos. Se diría que, en las últimas jornadas, los contrincantes, lejos de haberle perdido el respeto al Real Valladolid, se lo han cogido, de manera que el equipo ya no aparece como el mirlo blanco al que derrotar con relativa suficiencia para ganar confianza. Ha sido despojado del hábito de recién ascendido, propicio para reservar titulares pensando en batallas más duras, y ahora se presenta como uno más 'inter pares'.

El que fue ungido a principio de temporada como patito feo de la categoría se ha convertido en cisne que emerge como oscuro objeto de deseo de los cazadores que pueblan la competición. El Espanyol primero, el Eibar después y por último el Sevilla han conseguido que el Valladolid empeore, en cada partido, la imagen dada en el encuentro anterior. Han descubierto las debilidades que presenta y han comenzado a echar sal en esas heridas. Al equipo le va a hacer falta no solo aprender de los errores cometidos para pulirlos primero y erradicarlos después, sino que va a necesitar de algo más para sacar adelante los partidos a partir de este momento. Aumentar las prestaciones de algunos futbolistas llamados a marcar diferencias, crecer en el juego, evolucionar sobre la idea de fútbol. La Primera División para el Pucela ha empezado ahora.

 

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