pizarra infinita

El autor ensalza la trascedencia de las decisiones del técnico Sergio González en el dibujo del Real Valladolid, independientemente de los obstáculos que tenga enfrente

Los jugadores del Real Valladolid celebran el gol del empate en San Mamés. /Luis Tejido-Efe
Los jugadores del Real Valladolid celebran el gol del empate en San Mamés. / Luis Tejido-Efe
JUAN ÁNGEL MÉNDEZValladolid

La pizarra de Sergio nunca se queda sin tiza. El técnico jamás se conforma con la inercia ni tampoco se resigna ante los contratiempos. En San Mamés pisó la lona con la fiebre de Toni como primer obstáculo y la besó tras el penalti sin carrerilla de Aduriz al filo del descanso. En el primer escenario fue fiel a Leo Suárez, su recambio número uno, y tras el segundo, cuando el duelo iba camino de la tumba del 1-0, supo reordenar su dibujo para proyectar su último golpe y erguirse antes del gong. Tres centrales, con Alcaraz en el centro para salir tocando, y los laterales desplegados por ambas bandas para castigar la maltrecha autoestima del timorato Athletic, al que Plano sumergió en depresión segundos antes del pitido final. Es la diferencia entre el entrenador que se aferra sin cintura a sus planes preconcebidos y el que se rebela para buscar un resultado mejor. La distancia entre el conformista y el que agita sus ideas con vigor hasta que encuentra el camino adecuado. Es Sergio, el míster que ha resucitado al Real Valladolid y lo ha convertido en un equipo fácilmente reconocible por su orden y capacidad de sacrificio.

El conjunto blanquivioleta no firmó su mejor actuación en San Mamés, pero demostró, una vez más, que nunca deja de competir. Con esta actitud, y la unión que destila el grupo, será difícil que se enrede en el lado oscuro, pero el curso aún es muy largo y no debe descuidar sus virtudes para evitar que el fango vuelva a empaparle las pantorrillas.

La presión en suelo castellano que ejerció el Athletic desabotonó el habitual verso del cuadro vallisoletano, que trocó la cadena de apoyos por un fútbol más directo para intentar llegar al área bilbaína. Con Míchel y Alcaraz atascados, el dibujo blanquivioleta echó de menos a Toni, vital cuando el juego aterriza en los últimos metros. Su gambeteo siempre rompe la monotonía, nunca rehúye una finta y suele encontrar con facilidad el espacio para partir en dos las líneas del rival. Sin el murciano, Plano estuvo muy solo en la creación y al Pucela le bailaron las ideas hasta que Sergio decidió poner la última ficha al doble o nada. Keko sigue progresando, con velocidad y desborde, lo que ensancha las opciones por las bandas, aunque el choque del sábado también corroboró que el equipo requiere retoques si quiere escapar de la incertidumbre. La pizarra de Sergio es infinita, pero necesita más fichas para seguir creciendo. En San Mamés, el técnico hizo malabarismos para afilar el sistema, con un banquillo escaso de argumentos ofensivos, y rescatar un punto que pone el desenlace más dulce a un gran 2018 en blanco y violeta.