El portero de dibujos animados

El autor del texto subraya lo olvidadizo que es el fútbol citando el ejemplo de Jordi Masip, héroe en tantos partidos en el último año y villano en el último por su error en el primer tanto del Betis

Jordi Masip posa en los Anexos tra sun entrenamiento. /G. Villamil
Jordi Masip posa en los Anexos tra sun entrenamiento. / G. Villamil
JESÚS MORENOValladolid

Cuando el Betis anotó su primer gol, inmediatamente, como si le hubieran pinchado con un alfiler, se levantó un hombre de su asiento y se dirigió a su mujer: «¡te lo dije, es un portero de dibujos animados, el peor que hemos tenido en años!». No se trataba de esa afirmación cargada de suficiencia y superioridad con la que cierta parte del entorno, entre sonrisas burlonas o satisfechas, entona el famoso 'ya lo dije yo' para despachar estos lances. Esta vez lo que desprendía aquella persona era amargura por el gol encajado, frustración porque el equipo empieza a estar situado donde su presupuesto podría vaticinar y enfado porque la situación parecía evitable.

En este fútbol desmemoriado, uno es tan bueno o tan malo como lo fue en su último partido, así que el portero del Real Valladolid sufrió la cólera del español sentado que olvidó aquel partido de Barcelona, en el que Masip sostuvo al equipo y con ello, la esperanza de arañar un resultado positivo. Ignoró sus actuaciones frente al Villarreal o al Valencia, los penaltis parados, los vuelos sin motor, las manos salvadoras… Y lo señaló como uno de los responsables de la derrota del pasado fin de semana.

Sin embargo, Jordi Masip representa casi como nadie en la plantilla lo que es el actual Real Valladolid. Se podría decir que se ha mimetizado con la entidad de tal manera que uno y otra hubieran adquirido la misma apariencia, los mismos valores. Un equipo hecho a sí mismo a base del sudor diario de todos los que forman parte de la parcela deportiva. Sin grandes estrellas que sobresalgan sobre el resto. Con aquellas limitaciones que son las que más destacan cuando aparecen, pero también con la recompensa de supone haber sabido suplirlas a base de trabajo constante.

Parafraseando a José María García, Masip es el vivo retrato de un jornalero de la gloria. Sin alharacas, desde el baúl del olvido, a base de su empeño y sus buenas actuaciones ha ido escalando puestos hasta hacerse un nombre dentro del panorama del fútbol español. Si el Real Valladolid actual está donde está, es porque su guardameta es lo que es. El ángel custodio de todo un club en su caminar por Primera. Es un portero de dibujos animados, dijo aquel hombre. Y quizá tenía razón. Es la versión en blanco y violeta de Benji Price.