como era posible, lo hicieron

El autor compara el vuelo de Nacho -en la foto- con una gran campaña del Real Valladolid solo posible gracias a su buen trabajo

Nacho disputa un balón con Januzaj. /Efe
Nacho disputa un balón con Januzaj. / Efe
JOAQUÍN ROBLEDOValladolid

Al sacerdote, embebido por la poética belleza del Magnificat, se le calentó un poco la boca. Así, al menos, lo entendió uno de los feligreses al que en el barrio le conocían como 'Patajunco' desde aquel maldito día en que, aún niño, sufrío un ataque de poliomielitis. El cura, ya digo, absorto, fuera de sí, con los ojos cerrados, recitaba aquellos versos con los que, según el Evangelio de Lucas, María, la que al poco habría de ser la madre del hijo de Dios, saludaba a su prima Isabel. «Desde ahora me felicitarán todas las generaciones, porque el Poderoso ha hecho obras grandes en mí». De la misma manera, continuaba el clérigo, todos somos depositarios de esta misma gracia, todos podemos decir, como María, que el Señor obró en cada uno de nosotros maravillas. 'Patajunco', anclado en su silla de ruedas desde aquel infausto episodio, sin apenas fuerza en los brazos, no se contuvo y, aunque de esta no quedase más que un hilillo, dejó escuchar su voz en forma de pregunta retórica.

– ¿Y entonces conmigo qué hizo, experimentos?

Transmutar el contenido literal de un texto sagrado en la experiencia diaria tiene esta dificultad, que haya quien no se sienta interpelado.

Un jovenzuelo que había escuchado atentamente a su abuela mientras le contaba esta anécdota quiso restar importancia al hecho apostillando que aquello pudo ocurrir hace mucho, que ya nadie interpeta estos libros en sentido literal. La abuela sonrió.

–«Igual estos no, pero han sido sustituidos por otros que sí. Esos libros de autoayudaque lees, esas frases que de ellos extraéis y repetís como mantras por las redes sociales, han relevado a los Textos Sagrados. Con un agravante, que en sus páginas se pretende convertir en dios a cada lector».

La buena mujer pasó el resto de la tarde desgranando alguno de aquellos aforismos (coelhanos, según su terminología). Que si puedes lograr lo que pretendas, que si querer es poder, que si no existen más límites que los que uno se autoimponga, que si consiguieron hacerlo porque no sabían que era imposible. «No», concluyó, «si algo nos permite avanzar es la propia consciencia de nuestros límites, saber dónde no podemos llegar. Todo ello nos permite buscar otros caminos y no golpear nuestra cabeza, como las moscas, repetida e inútilmente contra el cristal. El ser humano fue capaz de inventar el avión el mismo día en que asumió que su biología le impedía volar sin ayuda externa. Cuando uno es consciente de lo que es y de lo que puede, de dónde se encuentra el límite, es cuando se puede poner en marcha y hacer posible lo que, siendo posible, entraña una enorme dificultad».

El chaval reposaba cada palabra que escuchaba. Es de suponer que algo aprendería. El caso es que esa noche, cuando supo del resultado del Pucela, hizo cuentas. 20 es la mitad de 40, medio trabajo hecho. Parecía imposible, pero no lo era. Imposible es, eso sí, que Nacho vuele. Aunque viéndolo correr por su banda dan ganas de no descartar la posibilidad.