Presunción de indecencia

El autor del texto analiza el tratamiento que se le ha dado al caso Oikos

Aranda y Raúl Bravo, considerados presuntos cabecillas de la red de amaños deportivos que se investiga en el caso Oikos, a su salida de la cárcel de Zaragoza./Javier Cebollada-EFE
Aranda y Raúl Bravo, considerados presuntos cabecillas de la red de amaños deportivos que se investiga en el caso Oikos, a su salida de la cárcel de Zaragoza. / Javier Cebollada-EFE
JAVIER YEPES

Desde que el pasado martes 28 de mayo saltó la noticia de la detención de Borja Fernández en la operación Oikos, y llevada a cabo por la Unidad de Delincuencia Especializada y Violenta, el concepto violento se ha adueñado de tan desagradable asunto. Les explico de inmediato.

No seré yo, Dios me libre, quien ejercite el tan apetecible y apriorístico ejercicio de condenar o exculpar, ni el de emular a Pepito Grillo con el consabido 'ya lo sabía yo' o menos aún el de 'si yo les contara…'. Por eso, desde esa fecha me rechina cada día mas contemplar cómo determinadas gentes próximas al fútbol, pero nunca dentro del ámbito íntimo del mismo, ejercen, con un desparpajo propio de niño prodigio, el oficio de catalogar moralmente a los protagonistas del suceso o de ensuciar todo lo que se refiere al fútbol profesional. ¡Preocupante!

Y sin embargo, me produce mucho mas estupor ver cómo determinada prensa deportiva exhibe en sus portadas y en sus programas declaraciones que teóricamente están bajo secreto sumarial. De ello deduzco que el tal secreto no existe y que de lo sumarial hemos pasado a lo sumarísimo. O sea, un juicio rápido en toda la regla con jurado popular y condena de antemano. ¡Espectacular!

Dentro de esas manifestaciones, que salen en la televisión pública y que abren en primera diarios deportivos de primerísimo nivel, se le atribuiría a un juez, hablo en condicional, la explicación de que viendo el juego del Valladolid contra el Valencia saltaban inmediatamente las dudas por lo raro del mismo. ¡Prefiero no creerlo, de verdad!

No es de recibo contemplar cómo el club tiene que asistir inerme al espectáculo de las acusaciones e imputaciones que a los futbolistas se les realiza, lógicamente, en calidad de presuntos inocentes, mientras que al propio estamento se le considera poco menos que colaborador necesario de los mismos. Delinque, si se prueba, la persona, mas nunca la camiseta que se enfunda ni el escudo que porta. ¡Vergonzoso!

El Real Valladolid Deportivo primero, y S.A.D. mucho después, es un color y unos sentimientos. Una masa social tremenda y el estandarte de una ciudad y una provincia. Esos llamados intangibles, que no entran en la oferta del accionariado, son el motor que impulsa el fútbol en nuestra tierra. Esos que siempre estuvieron limpios y presentes a día de hoy toda esta basura les ha convertido en presuntos indecentes. ¡Indignante!