Aquel primer Valladolid-Huesca

Oscenses y pucelanos se vieron las caras en Tercera División, con victoria blanquivioleta por 1-0 en un día en el que debutaron seis canteranos

Aquel primer Valladolid-Huesca
J. M. O.
JOSÉ MIGUEL ORTEGA

La Sociedad Deportiva Huesca era un perfecto desconocido para los aficionados blanquivioletas cuando se conoció el sorteo del Campeonato de Liga de 3ª división, en la temporada 1970-71. En realidad, el conjunto oscense se había fundado solo diez años antes, de modo que no tuvo tiempo para hacerse un hueco en el fútbol profesional español, aunque en honor a la verdad protagonizó una trayectoria meteórica, pues un año después de su fundación ascendió a tercera, y en la década de los sesenta disputó ¡cuatro promociones de ascenso a segunda!

El Real Valladolid, en cambio, había descendido a los infiernos después de catorce temporadas en primera, y un desenlace funesto con una plantilla que bajó a tercera cuando estaba configurada para volver a la élite. Pese al tremendo disgusto de la afición pucelana, el conjunto blanquivioleta se perfilaba como uno de los más firmes candidatos para el ascenso, junto a otro histórico venido a menos, el Osasuna.

Sin embargo, mirando la plantilla y la situación económica del club, la condición de favorito del Valladolid se basaba más en las glorias pasadas que en las opciones reales de una entidad en bancarrota que trataba de subsistir recurriendo a jóvenes de la cantera propia y de canteras ajenas, como los madridistas Heredia y De Diego, y el atlético, Pérez García.

De hecho, en el partido inaugural de la temporada que se disputó el 6 de septiembre de 1970, con el Huesca como adversario, el entrenador local, Héctor Martín, presentó una alineación con cinco debutantes en el primer equipo blanquivioleta, más otro que salió en el curso del encuentro.

La alineación inicial la integraron: Llacer; Heredia, Cabo, Recio; Gatell, Endériz; Fede, Lorenzo, Álvarez, Lizarralde y Cardeñosa. Después entraron Nozal y De Diego. De modo que el objetivo de retornar a segunda se iniciaba con seis jugadores debutantes en el primer equipo blanquivioleta: Llacer, Heredia, Cabo, Fede, Cardeñosa y De Diego. El resto de la alineación la formaban tres veteranos supervivientes de la campaña anterior, como Gatell, Lizarralde y Endériz, y dos jóvenes delanteros muy prometedores, Lorenzo y Álvarez, y el lateral canterano Damián Recio, que habían disputado unos pocos partidos en segunda división.

El Real Valladolid comenzó su calvario en tercera división con una apretada victoria sobre el Huesca (1-0), gracias a un gol de Lorenzo en el minuto 27, pero iba a sufrir mucho para lograr in extremis el objetivo del ascenso, gracias a que su grupo de tercera fue el único –por sorteo- que en lugar de una plaza de ascenso, tuvo dos. El Pucela subió junto al Tenerife, después de una enconada lucha con Osasuna hasta la última jornada de Liga.

En aquella alineación del primer partido faltaron hombres que después fueron pilares fundamentales, como Salví, Docal, Pérez García, Sedano, Segura y el veterano Luis Astrain, mientras que la media docena de debutantes aquel primer domingo de septiembre de 1970, corrieron suerte dispar.

Tres de ellos causaron baja al término de aquella temporada. Heredia, que fichó por el Zaragoza, además de Cabo y De Diego, que tuvieron un recorrido muy corto en el fútbol. El extremo Fede se convirtió en una gran promesa gracias a su velocidad y desborde, pero cuando estaba a punto de ser traspasado al Barcelona, murió trágicamente en un accidente de tráfico al chocar con otro coche en el cruce de García Morato con el Paseo de Zorrilla, el 11 de mayo de 1973.

Los otros dos debutantes en el primer equipo blanquivioleta, Cardeñosa y Llacer, que se convirtieron en cuñados al casarse con dos hermanas vallisoletanas, dejaron un grato recuerdo entre los seguidores del Real Valladolid. Julio Cardeñosa, pese a que tuvo detractores, dejó tantas pruebas de su enorme talento, que el Betis lo fichó en 1974 para forjar una leyenda en las once temporadas que vistió los colores verdiblancos. Fue, además, el único internacional de aquella media docena de futbolistas que se estrenaron en el primer equipo contra el Huesca.

En cuanto a Manolo Llacer, hay que decir que se convirtió en uno de los futbolistas que dejaron huella en la historia blanquivioleta. En las once temporadas que jugó en el Real Valladolid disputó 251 partidos de Liga -20 en tercera, 224 en segunda, y 7 en primera división- además de 18 de Copa. Pese a que el club fichaba porteros con etiqueta de refuerzos, Llacer siempre terminaba haciéndose con el puesto de titular, salvo en la temporada 1975-76, en la que Campos, cedido por el Betis, le relegó a la suplencia. Su seguridad bajo los palos y la regularidad de su trayectoria le avalan como uno de los históricos del club vallisoletano.

 

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