LA primera cita

Rubén Alcaraz se lleva la pelota ante la presión de Stuani. /Eddy Kelele
Rubén Alcaraz se lleva la pelota ante la presión de Stuani. / Eddy Kelele
JUAN ÁNGEL MÉNDEZ

El Real Valladolid se presentó en Gerona con la inseguridad del adolescente que acude a la primera cita con la chica con la que lleva chateando un mes, aunque todavía no la conoce en persona. Tímido y recatado, el conjunto blanquivioleta tardó en coger el aire al roneo. Demasiado respeto, tal vez preso de su propia incertidumbre o de ser consciente de que afronta estos primeros envites más como una extensión de la pretemporada que como el inicio del curso en sí. Prueba de ello es que el presidente anunció el jueves que al álbum le faltan aún cuatro cromos.

Sergio planteó un choque de contención, con Anuar como enganche por detrás del espigado Ramos, una señal muy clara de las intenciones del técnico. Muy pocas noticias del equipo ambicioso y creativo que abrochó el curso con el ascenso.

Pisar un césped de Primera implica otras responsabilidades y al Real Valladolid le pesó la primera cita. Por suerte, el adversario fue el Girona. Ante el Barcelona, es complicado que el desenlace genere un punto, al menos con los argumentos que presentó el cuadro castellano en tierras catalanas.

El técnico apostó por el orden, con el corsé bien abrochado y poco espacio para el fútbol combinativo. La acción, salvo un par de destellos ofensivos, aislados, se desarrolló en suelo blanquivioleta. Mucho movimiento por detrás del balón y escasas opciones de fabricar ocasiones potables. Sergio jugó al empate a cero y la moneda le entregó una sonrisa, pero al Real Valladolid le falta mucho para parecerse al bloque que deslumbró en junio.

Las entradas de Verde y Plano generaron un poco más elasticidad al dibujo, pero el contenido táctico primó sobre la creatividad o el descaro. El conjunto pucelano apenas hilvanó un par de jugadas con la ambición de cruzar la frontera y estuvo mucho más pendiente de no abrir espacios en su esquema que de buscar la espalda de la zaga rival.

De vuelta a la cita del adolescente, el Real Valladolid tuvo un par de amagos de lanzarse al barro, pero retrocedió antes de llevarse una cobra. El Girona, por su parte, tuvo hasta tres ocasiones para haber roto el corazón al aspirante blanquivioleta. Masip y la fortuna esquivaron el disgusto.

El hincha optimista se quedará con el marcador antes que analizar el fútbol de su equipo, pero al Real Valladolid aún le faltan kilómetros de tela por cortar y muchas piezas por ensamblar, sobre todo las que aterricen en el vestuario para aplicar la mordiente que ayer escaseó. Aún es pronto para aventurar éxitos o fracasos. Por eso, me quedo con el punto y doy un voto de confianza para que el enamorado vallisoletano por fin haga diana en las siguientes citas. Tiempo tiene, de momento, para ganarse el corazón de su amada.

 

Fotos

Vídeos