Príncipe y rana

Sostiene el articulista que ahora, que el equipo es menos alegre y vistoso, podemos estar en el camnino de llegar al final que la afición desea

Príncipe y rana
JESÚS MORENO

De un tiempo a esta parte -más incluso del que el propio Luis César Sampedro confiesa-, el Real Valladolid ha decidido dejar de morir cada semana, como Narciso, ahogado en el estanque de su propia hermosura. Una belleza ornamental e inocua, que no conseguía otra cosa más que prolongar el desangre del equipo en cada contraataque lanzado por el rival, en cada pared tirada por un contrario o en cada disparo, con cierta intención, que alcanzaba a dirigirse entre los tres palos.

Ha abandonado esa alma bohemia y revolucionaria que, casi sacada del Moulin Rouge decimonónico, asomaba a principio de temporada; ha abjurado de la locura que cada jornada suponía ver sus partidos convertidos en un can-can de idas y venidas como si estuviera sirviendo de modelo para un cuadro de Toulouse-Lautrec. En el último mes y medio, podría decirse que el equipo se ha hecho viejo de repente, más asentado, más cabal, más maduro y más serio; como si mantenerse en perpetuo estado de ‘belle époque’ no mereciera la pena si lo que hay que soportar a la mañana siguiente es una resaca de absenta.

El Real Valladolid quiere cambiar, regresar de su viaje a ninguna parte, mutar en un equipo tan áspero que pueda encender una cerilla si la frotara contra en mentón, tan duro que sea capaz de afeitarse utilizando para ello un cuchillo de supervivencia. Atrás quedaron ya los viejos tiempos, los buenos tiempos, los días de vino y rosas cuando, en agosto, parecía que el juego del equipo pasaría de verse en los estadios a disfrutarse en los museos. Cuando pensábamos en que el Pucela se comería la liga para merendar. Cuando a nadie parecía importarle que se empezaran a vislumbrar unos pies de barro insuficientes para sostener toda la estructura de un gigante que quiere aspirar a algo más que a una permanencia holgada.

Hace algunos partidos, el Real Valladolid decidió dejar de ser especial, abandonó la lírica y colgó en el armario el traje de héroe suicida a golpe de corneta con el que venía afrontando todos los partidos. Hace algunos partidos, el Real Valladolid mudo de piel para aparecer como un equipo más común, más prosaico y más pragmático. Hace algunos partidos, el príncipe recorrió el camino inverso para transformarse en rana. Y sin embargo, desde hace algunos partidos, da la sensación de que, ahora sí, el cuento puede tener final feliz.

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