El Pucela gana al Rayo pero sigue sin delanteros

Waldo celebra uno de sus dos goles/G. Villamil
Waldo celebra uno de sus dos goles / G. Villamil

Dos tantos de Waldo, fichado para el filial, resuelven un partido en el que el Valladolid apenas tuvo mordiente

DAMIÁN MORENO

Como si de la historia de la Bella Durmiente se tratase, el Real Valladolid se sumió en un sueño profundo esperando a que alguien lo despertase. El héroe que lo hizo fue inesperado. Waldo con un disparo que rebotó en la defensa madrileña, batió al portero para poner el 1-0 en el minuto 64. Hasta entonces el Pucela estuvo dormido, aunque tras la segunda parte ya dio atisbos de poder despertar. En frente estuvo el Rayo Vallecano, el culpable de ver a un equipo vallisoletano casi anestesiado. Por algo es el actual campeón de Segunda. El conjunto de la franja apretó al equipo blanquivioleta desde los primeros minutos del encuentro. Su línea de tres atacante, tres balas como son Embarba, Sergio Moreno y Lass, fueron un dolor de muelas constante para la jovencísima defensa formada por Salisú y Mario como centrales y Moi y Raúl Navarro, este último muy seguro en las coberturas y en la recuperación, en los laterales. Sergio Moreno en el tres de juego con un disparo que lamió el poste de Masip, y Lass en el ocho, con un derechazo lejano, dispusieron de claras ocasiones para adelantarse en el marcador.

2 Real Valladolid

Masip; Moi, Mario, Salisú, Raúl Navarro; Carrascal, Javi Pérez; Antoñito, Antonio Domínguez, Ivi; Miguel. También jugaron en la segunda mitad Samu Pérez, El Hacen, Waldo, Toni, Alcaraz, Keko y Chris Ramos.

0 Rayo Vallecano

Alberto; Advíncula, Dorado, Abdoulaye Ba, Akieme; Santi, Pozo, Jonathan Montiel; Lass, Embarba, Sergio Moreno. También jugaron en la segunda parte Morro, Martín, Felix, Tito, Alex Moreno, Javi Rubio.

Goles
Waldo, en los min. 64 y 73.
Árbitro
Oliver De la Fuente Ramos, árbitro del colegio castellano y leonés, amonestó a Salisú, Mario del Real Valladolid y a Féliz y Santi del Rayo.
Campo
Municipal de San Miguel, en Íscar. 800 espectadores

Las pruebas sobre el terreno de juego de Íscar las puso Sergio González, con una alineación que podríamos considerar como la versión 'b' del Pucela, llena de jugadores del filial, y reservando a los supuestos titulares para el último amistoso de este sábado, en Alemania, contra el Nuremberg. Por su parte, los de Vallecas mostraron una alineación más reconocible, con futbolistas como Pozo o Advíncula de inicio. En una tarde muy propicia para jugar al fútbol, el campo de San Miguel estaba a reventar. El inicio de campaña está a la vuelta de la esquina y los aficionados blanquivioletas tienen ganas de que vuelva la competición oficial. Puede que el público se quedase con ganas de más.

Y es que el Pucela apenas podía pasar del centro del campo con la pelota controladada. La presión alta de los de Míchel, sumados a los sucesivos saques de esquina forzados por los madrileños, no permitían a los centrocampistas vallisoletanos conectar con sus compañeros de ataque. Excepto un par de subidas por banda de Antoñito, y un disparo de Miguel repelido por la defensa madrileña, el resto del frente de ataque estuvo desaparecido en la primera parte. Javi Pérez con un chut que se fue muy alto en el minuto 32 sobre la meta de Alberto, fue el único peligro reseñable.

Ivi supera a un defensor
Ivi supera a un defensor / G. Villamil

En el arranque del segundo tiempo el Real Valladolid salió con otra cara, sabiendo que tenía que ofrecer algo más a su afición, pese a no jugarse nada más que el honor.

Inesperado revulsivo

Teniendo en el banquillo a Toni Villa, Chris Ramos o Alcaraz, el primer cambio del técnico blanquivioleta fue Waldo, extremo pacense, por Miguel. El joven delantero fue capaz de hacer girarse y encarar la portería rayista, además de disparar nada más saltar al campo, poniendo un poco de picante sobre la puerta de Morro, cancerbero que sustituyó a Alberto. Fruto de su insistancia llegó el primer gol. Él se lo guisó y se lo comió.

Algo se agitó en el descanso porque con los mismo jugadores, el equipo se asentó con las líneas más arriba, menos timorato y presionando a los centrales del Rayo que destaparon unos defectos no vistos en los primeros 45 minutos: su lentitud. Quedó claro en el minuto 73, cuando tras una jugada de Chris Ramos, los centrales no fueron capaces de despejar, y Waldo, de nuevo, batió a placer al meta visitante.

El segundo gol remató a un Rayo que no volvió a acercarse al área de Samuel Pérez y permitió que la afición desplazada a Íscar viviera con tranquilidad los últimos minutos del partido. Prueba superada para el Real Valladolid con mejor resultado que sensaciones, pero que sirve para demostrar que los jóvenes vallisoletanos tienen historia por escribir en el futuro del Pucela.

 

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